Miguel Ángel López Farías

El cohete estallo ayer, pero la mecha llevaba prendida cerca de un año. La policía federal, en una acción sorpresiva, decide protestar de manera pública y paraliza grandes vialidades de la Ciudad de México y el contagio está llegando a lo nacional, pero esto comienza con la posición del presidente AMLO, quien va sembrando la idea de que para lo de la guardia nacional no eran importantes los elementos de la policía federal, trato contrario con nuestros soldados y marinos, a quienes se les prometió respetar grados ,antigüedad y salarios en su nueva tarea, mientras que a los policías federales solo se les arrojo críticas y señalamientos de estar “echados a perder”, tal y como sostuvo en la plaza de las tres culturas hace un año .

La policía federal, debemos recordar, ha significado una de las murallas más sólidas en el combate al crimen organizado, paso de ser un cuerpo con presencia en las carreteras a uno con capacidad en el manejo de crisis de secuestros, de investigación, de vigilancia cibernética, las causas de la guerra en contra del crimen organizado la empujaron a ser una entidad que flotaba entre los soldados y el resto de los cuerpos de seguridad del país, pero con un foco de atención interesante, pagando también una cuota de sangre por los actos de campaña y por supuesto, con zonas grises en materia de corrupción, pero comportándose como un agente efectivo, pero necesario para el armado de la  guardia nacional, vamos, se les necesita, tanto como a nuestros soldados y marinos, solo que el piso no ha sido parejo.

El incendio visto ayer con la toma de instalaciones fue creciendo cuando se les humillo al dirigirlos a realizar labores de migración, pero sobajados al ser mencionados como fifís, solo porque se habrían quejado de las pésimas condiciones en sus lugares de descanso y pero aun, vino el grotesco númerito de los uniformes, que lejos de parecer un error en las tallas parecería ser un insulto abierto para los agentes.

Lo decíamos ayer, todo esto se pudo haber evitado si se le hubiesen dado lectura a las señales de lo que estaba ocurriendo, de las zarandeadas que su coordinador les estaba propinando y de la constante molestia que entre los elementos se venía levantando.

Esto es ya una bola de nieve , y que por supuesto poco o nada ayuda el que él mandatario sostenga que hay mano negra detrás de esto, lo que existe y ello se va acomodando como una característica de la 4T, es la ausencia de oficio político para saber desactivar todas estas granadas que le van reventando, la guardia nacional es una bandera aspiracional muy alta para esta administración, e insistiremos, es necesaria para alcanzar metas de pacificación y recuperación de la tranquilidad, pero el descontento de estos elementos, poco menos, que 40 mil, no significan ninguna buena noticia para nadie y claro, si una carcajada de los amos del crimen organizado quienes deben estar muy tranquilos y complacidos observando como para ir por ellos no somos capaces de ponernos de acuerdo.

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