Miguel Ángel López Farías

Como caído del cielo, así deben ver la captura de Emilio Lozoya Austin en Málaga, España, se le acusa de haber recibido 10 millones de dólares por parte de la empresa Odebrecht, el presidente se anota un punto importante, y rebane ya no tendrá que estirar la liga con lo de la rifa del avión que no tendrá avión y otras rutas paralelas para mitigar la cruda realidad nacional.

Lozoya será traído a México, es cuestión de semanas y entonces si vendrá la navidad para la Cuarta Transformación pues el ex director de Pemex trae de regalo una bolsa de secretos entre políticos peñanietistas y empresarios que en el anterior sexenio disfrutaron de la jauja, esta noticia no debió gustarle nada, nadita a Peña Nieto, pues lo coloca bajo el poderoso reflector de la investigación madre, la que podría vincularlo con Odebrecht y una larga lista de contratos en donde el mismo ex presidente se habría visto beneficiado.

Se habla de decenas de millones de euros, la administración del presidente AMLO encuentra con ello una real oportunidad de dejar en firme el que va a combatir a la corrupción, que en la captura de Lozoya Austin se abrirá el necesario capitulo que nos debe la 4T, no la simulación de que están combatiendo todos los excesos heredados, sino que en este país, sea el político que sea no puede ni debe abusar de cargos y fueros, en más de una mesa de café se ha soltado la sospecha de que entre López Obrador y Peña Nieto se tejió un pacto para que la banda presidencial fuese entregada al actual habitante de Palacio y que ello implicaba un cheque que protegería al del estado de México ante cualquier tipo de persecución

La historia actualizada del caso Lozoya ya no brinda esa garantía de que los que se fueron queden en la impunidad, por el contrario, los órganos de fiscalización y de rutas para los castigos están obligados a no dejar morir este caso y entregarle una carpeta con pruebas, nombres, sociedades, senderos por donde se movieron los millones y dar con las máscaras que permitieron encubrir a uno de los sexenios más corruptos y lleno de excesos como lo fue el anterior.

Fijemos esto en términos deportivos: el presidente López Obrador tiene casa llena, le toca batear, es la séptima entrada y de su buen abanico depende de que le dé la vuelta al tablero, frente a si tiene un pitcher que ya mostró haberse agotado.

AMLO está en el plato, ya solo él sabrá si conecta un home run y decide el juego a su favor o se ira por consecuente a los del otro equipo confirmando de que todo se habría arreglado en los vestidores, el público espera un cierre magnifico, ¿que hará el bateador?

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