Miguel Ángel López Farías

Si Claudia Sheinbaum quiere ser candidata a la Presidencia de la República deberá mostrarse como una figura que no solo reacciona a los picos de criminalidad sino que sabe anticiparse a ellos. ¿Podrá? ¿Es temprano para decir que quiere ser presidenta de México?

No, en el México  bizarro no lo es, solo que el tigre chilango ha comprobado que desgarra hasta al más plantado, y exceptuando a su jefe AMLO, quién ocupaba la jefatura de gobierno, hasta el momento, ningún otro personaje ha brincado del palacio de ayuntamiento a palacio nacional, claro, después de una eterna campaña presidencial, y aquí la doctora debe aprender a deletrear  el mantra que le daría  el pase al siguiente nivel: » devuelva la tranquilidad a los ciudadanos», si no es así que se olvide de esta aspiración.

Deberá indicar  a su equipo que dejen de jugar a gobernar, que dejen de perder el tiempo culpando a los que ya se fueron. La  jefa de gobierno debe exigir  la renuncia de más de uno de sus colaboradores y replantear toda su estrategia en combate a la inseguridad, en transporte público y movilidad de la ciudad, áreas que más dolores de cabeza les han generado a los ciudadanos.

Aunque doña Claudia haya tenido acercamiento con autoridades universitarias para colocar las primeras barreras de protección hacia los jóvenes estudiantes en la capital, hace falta mucho más, no basta con colocar más cámaras y colocar policías en cada esquina, sino impulsar un nuevo sistema de justicia penal que convierta la payasada de los castigos en una en donde verdaderamente los criminales paguen por sus fechorías.

Tomarse el café y posar para la foto con rectores no disminuye la corrupción ni debilita la impunidad, y es ahí en donde la jefa de la ciudad tiene que mover sus baterías, presionar a los legisladores de su partido y aprender a escuchar a la oposición  para hacer realidad el estado de derecho.

Doña Claudia Sheinbaum tiene una oportunidad de oro si se decide a dejar de ser un gobierno espejo de su jefe, el federal y romper con los estigmas de protección y laxitud del sistema de leyes de la capital en donde todos lo sabemos, un delincuente siempre encontrara la grieta adecuada para salir libre.

La tarea  requiere de mucha fuerza y determinación, algo que distintos jefes de gobierno han evitado, con tal de cumplir con banderas de respeto a los derechos humanos o de no repetir la dureza de administraciones como aquel de Alfonso Corona del Rosal, un regente con mano realmente de hierro pero con autentico control.

A la ciudad de México muchos llegaron para simular ser progresistas, la parafernalia de la izquierda sepulto los derechos de las mayorías al imponer agendas que solo cumplían con pequeños grupos histéricos, pero dejando a su suerte la seguridad y paz de los capitalinos,  infectada por la por la peor fauna de ministerios públicos, jueces y policías inmersos en las cañerías de la transa y la prostitución de las leyes.

Se dejó de preparar y capacitar a los buenos policías para darle juego amplio a los malos. Se abandonó la afinación de leyes realistas y de justa aplicación, en suma, nada de lo que ocurre podría ser entendido sin el concurso de varios gobiernos, pero más aún, de los que llegaron hace poco creyendo que con el mero bono democrático y un par de deseos los corruptos, asesinos, los secuestradores y abusadores sexuales se irían a sus casas a arrepentirse de sus fechorías.

Toca ver si la doctora tiene sujeto el bisturí para llevar a cabo la cirugía de su vida o tendremos que esperar otro carrusel de profetas o mesías. \

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here