Miguel Ángel López Farías

Fue durante el sexenio de Peña Nieto cuando dediqué uno de mis picotazos a su clase política, les llamé el “club de los cínicos”, hice referencia a la manera en cómo, ese clan, encabezado por el ex presidente, pasando por varios secretarios de estado y distintos gobernadores, habían instaurado uno de los modelos de corrupción más voraces y fue posible gracias a que contó con el silencio de los que hoy señalan con dedo flamígero los pecados actuales. Empresarios y periodistas que no hace muchos años pertenecían a la casta dorada de los ricos, hasta un publicista muy beneficiado desde el zedillatose erigió como vocero de esas viudas de las otrora jugosas quincenas, Alazraki, a él me refiero.

Pero el cinismo no ha muerto, solo entró en la crisálida para extender sus alas como si de algo inofensivo se tratara …los cínicos y cínicas solo cambiaron de odontólogo, pero es la misma sonrisa podrida de los de antes. ¿quién le ha dicho a Ricardo Salinas Pliego que desde su oscura trayectoria como mercader de contenidos basura y de la instalación de tiendas de raya, pueda hoy levantar la mano para decir que él puede sacar de palacio a Morena? Deberle a hacienda lo enloqueció.

Alito, ese campeón de las traiciones ahora se envuelve en la bandera de salvador de la patria y escondiendo debajo de la alfombra sus expedientes lanza amenazas, que, si bien le dan la razón en cuanto a su homólogo Adán Augusto, bien le haría al campechano lavarse la boca con jabón.

Adán Augusto, el muerto viviente del senado, con las horas contadas, pero quien lleva la máscara ruinosa del cinismo, sabedor de que, si cae, se lleva a varios, esa es su amenaza, pero a los gringos no les importa mucho eso. El tabasqueño está en picota y solo es cuestión de tiempo para que su reinado de arrogancia sucumba.

El cinismo ha llenado de monstruos la galería, los podemos contar por miles, da igual que se asome con pinta de socavón o de bache, basta con culpar a las lluvias, da igual que una pipa queme a decenas de seres humanos, el silencio es la moneda con que se habrá de pagar la impunidad, total, el público tiene poca memoria y al rato se olvidarán de la abuelita que dio la vida por su nieto.

El cinismo es el traje apestoso de quienes acusan a la ultra derecha de estar detrás de la revelación de los viajes de los príncipes del poder, un cínico que, imitando a su papá, esquiva la corrupción que lo ubica en Japón y en cientos de contratos. Tan cínicos como muchos de los otros hijos de la presidencia, los Sahagún, los Fox, los Peña, los Salinas, los de la Madrid, los López Portillo, los Díaz Ordaz, los Calderón, todos cínicos, unos más otros menos, pero burladores de la ley, ninguno pobre, ninguno que se suba al metro, y hablamos del poder presidencial, faltaría revisar a los cachorros en las cuberturas o presidencias municipales… total, el cinismo y la impunidad es una cobija que alcanza para estas esferas del poder.

Cínicos como los que pasean los cadáveres de los 43 de Ayotzinapa, familiares dolidos, sí, pero que les entregaron su pena y economía a vividores como Vidulfo y otros tantos buscachambas.

Cínicos que antes se postraban ante la banda presidencial en turno, sonrientes cuando llegaba el sobre o la condonación de impuestos, comunicadores con departamentos o propiedades valuadas en millones de dólares … ¿quién es Pedro Ferriz? El pobre Temach de las noticias.

El cinismo nos lleva envenenando desde que se decidió escribir la historia de México como si una novela de buenos contra malos se tratara, ocultando con desfachatez el rostro de los traidores y opacando la obra de aquellas y aquellos buenos mexicanos que han peleado en contra de esa “forma del ser nacional “.

Insulta saber que muchos de los hoy atacantes construyeron su marcha desde la desfachatez y el robo, que babeantes simulan ser los héroes y heroínas que México reclama.

Por ello, es necesario mirarnos al espejo de Tezcatlipoca, el que nos habrá de mostrar a este México de sombras y entender el por qué la flecha de los cínicos nos dejó de doler y seguimos sangrando.

Miro el trabajo de la presidenta Claudia Sheinbaum y entiendo la gran batalla que está librando, rodeada de grandes servidores públicos, pero no todos, aplaudida por gobernadores y gobernadoras que supuran cinismo y prepotencia, no todos, pero los hay.

Me queda claro que su batalla se libra entre el cielo y el infierno de la política, confío en que ella va a vencer, que su presidencia logrará dar un giro, de hecho, lleva mejores cosechas que muchos de los anteriores, ella combate en las arenas de las inercias de un reciente pasado que dio muestras de pudrirse muy pronto. 

No es fácil, pelear contra el ADN cínico no es fácil.

Pero no veo a la presidenta dispuesta a renunciar y por el bien de este país, ella debe ganar, le acompañan un puñado de valiosas y valiosos mexicanos, ahí cerquita, de los suyos. Debe ganar.