Miguel Ángel López Farías

Desde las protestas por la presencia de Augusto Pinochet, no se había reflejado otro pico de malestar social tan agudo como el que ahora se da, Santiago de Chile comenzó como un laboratorio de descontentos, la razón fue simple, el gobierno de Piñeira y su laboratorio de expertos en temas de transporte decidieron aumentar el precio del pasaje de los trenes subterráneos (metro) , esto no gusto, primero, a los estudiantes, grupo que en Chile tienen la capacidad de levantarse en bloqueos y manifestaciones, Piñeira recurrió al librito del control y les aventó a los carabineros.

Parecería que todo quedaría en ese capítulo, que el resto de la sociedad no voltearía a ver lo que en las calles se comenzaba a germinar, el caldo de cultivo se fue alimentando del descontento por factores como la carestía, elevados precios de productos, el bolsillo de los chilenos se sintió agredido, Piñeira ni los miraba ni los oía, repetía por medio de sus voceros en la radio y Tv que todo estaba bien, pero no, descuidaron una parte importante de toda esta trama: a la clase media, y ahí si, cuidado, ya no solo se trataba de chavos con capuchas arrojando botellas molotov, ya no eran suficientes las tanquetas con agua y gases lacrimógenos.

Comenzaron a caer las víctimas, más de 25 muertos, y la callada, hasta ese momento ausente clase media de Chile decidió hacer lo suyo, mostrar la frustración acumulada por años y años de olvido, de desprecio, no levantaron banderas en contra de la inseguridad, ni el poder del crimen organizado, no, salieron a gritar que estaban hartos de no ser escuchados, de ser ignorados en todas y cada una de las políticas públicas y vino la frase que detonaría todo ese enojo: el presidente Sebastián Piñeira los califico de elitistas (fifís dirían por aquí) y fue entonces cuando la clase media tomo las calles, hizo lo que nunca se había visto, le digo, desde la llegada de Pinochet , arrojando años y años de enojo.

Y veamos este espejo chileno en otros ejemplos, el más cercano y que sin ser culpa total del gobierno de la 4T, pues también suman décadas de olvido hacia la clase media, si es justo mencionar que como nunca, en estos tiempo se ha despreciado el poder de este sector de la sociedad, uno que sin ser necesariamente marginal o pobre ha sido hecho a un lado, utilizándolo solo para ser proveedor de todo tipo de impuestos, sujeto a la bendición de dios para que no sean secuestrados, asesinados, robados, una clase desprotegida y despreciada de las más elementales políticas públicas, pues para nadie es un secreto que la concentración de recursos y programas se fundamenta en los sectores más desprotegidos, y eso no se discute, es necesario rescatar a los abandonados de siempre, pero la clase media bien podría ser incluida en ese abandono.

En Chile se abrieron las puertas del infierno hoy ya nadie para a la sociedad que en ese país reclaman por políticos menos cínicos y divisionistas, que dejen de actuar como lo más acabado del liberalismo económico, ese mismo que ha generado grandes ricos, sujetados por una amplia base de clase medieros y el grueso de la gran mano de obra barata y pauperizada.

En México, sin desear esos mismos capítulos, hacen falta que los que gobiernan, comiencen a mirar con seriedad a la gran clase media nacional, la que con trabajo compra un auto y departamento, que son rehenes de oficinas y de deudas bancarias eternas para alcanzar el sueño del siguiente nivel y retirarse con algo digno.

¡Aguas!, a esa clase, sencillamente nadie le hace caso, solo hasta que, como en Chile, se dan los elementos adecuados y todo estalla. Insisto, sin desear que eso pase aquí, pues con todo, aún existe tiempo para generar que las cosas sean distintas, esperando que también exista visión y humildad para entenderlo.

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