Miguel Ángel López Farías

Estando en medio del caos de la marcha de ayer con los señores taxistas, difícilmente se puede comprender las causas de su “lucha”, pasados los ánimos debemos serenar algunos aspectos de lo que se vivió y que seguirá.

En el fondo, los trabajadores de taxis tiene razón, si nos atenemos al piso que ofrecen las autoridades para que operen, al final del día no resulta igual al que le otorgan a los de las aplicaciones. Un taxista debe reunir una serie de requisitos para poder circular y todos tienen que ver con dinero, pago de tarjetón, revista , placas, verificación, licencia, capacitación y todo lo que las autoridad se les antoje.

A los conductores de las aplicaciones no, basta con que se integren a las compañías que prestan este servicio, reúnan una serie de requisitos, tenga auto en buenas condiciones y a darle, ojo, no hago referencia a la calidad del servicio entre unos y otros, eso lo sabemos, muchos taxistas pertenecen a la galería de la subnormalidad significándole notas malas y de pésima fama a los de su gremio, pero con Uber y Cabify se han dado casos de violaciones, secuestro, robo y hasta asesinatos, lo cual no indica que todos sean así, tal y como ocurre con los taxistas, no todos son rateros ni andan en fachas espejeando las piernas de las pasajeras.

El punto es que la autoridad, y no solo la de la Ciudad de México, sino en todo el país, no han querido entrarle a una discusión seria que permita fijar reglas de competencia mucho mas justas o se les cobra a todos por igual o no se les cobra eso de los tarjetones o revistas e insisto, dichas medidas aplicarían para todo el territorio, pues el conflicto ya se extendió y la cosa se va a poner peor cuando los amigos de las aplicaciones enfoquen sus baterías en los sectores mas populares, no quiero imaginar que sucederá con mototaxis y demás.

La Secretaria de Comunicaciones y Transportes deberían ponerse las pilas, pues de manera indolente han dejado la bronca a los de la Ciudad de México y otros gobiernos locales, afectando principalmente a los ciudadanos que se ven ahogados por el transito y la inmovilidad. Y si sumamos la nula capacidad del gobierno capitalino para desactivar esto, ¿Notó usted que la jefa Sheinbaum no apareció durante las 12 horas de caos?

Pero regresemos a los taxistas detrás de todo esto encontramos padres de familia que intentan ganarse la vida, ciudadanos que por la razón que sea optaron por trabajar en esto, y si bien involucra a el mundo de los taxistas verse en el espejo y entender que todo es una competencia y que quien ofrezca el mejor servicio ganara, también se vale mencionar que las distintas Secretarias de Movilidad y sus gobiernos no han hecho algo por darles pisos parejos a los taxistas. Y eso, aquí y en China es competencia desleal desde el gobierno.

Pero esto lo podemos ver en casi todos los aspectos de la administración, pues es desde las mismas oficinas de gobierno, del que sea, en donde se lanzan los dardos que todos los días agreden a los ciudadanos, ¿No a caso es una afrenta para los contribuyentes el que a figuras publicas se les condonen deudas de hacienda?, ¿No es una mentada el que mientras usted verifica su auto y se ve vigilado por parte de los ambientales, los camiones, tráileres, los de la basura, arrojan toneladas de humo contaminante y no se les infracciona jamás?

¿No es un acto de eterna injusticia si usted es propietario de una tienda de ropa y debe pagar impuestos, renta, luz, agua, salarios y prestaciones, mientras que en la calle se dispensan los ejércitos de ambulantes? ¿Cuántos casos de abuso en los ministerios públicos se dan en contra de buenos ciudadanos que al denunciar un crimen terminan siendo doblemente victimas por esos mismos jueces o agentes?

Esto es sencillo: en México nunca ha aplicado eso del bien común o el bien de las mayorías, desde hace un par de décadas sufrimos la incapacidad de los principales actores políticos, los cuales, desde sus mas oscuras ambiciones y enorme inexperiencia, ven su paso por los cargos como la manera mas rápida de hacerse ricos u obtener mas poder.

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