Miguel Ángel López Farías

Le haré un rápido resumen de la novela del INE. Al presidente se le «quemaban las habas” por llevarnos a lo oscurito y hacer suyo el cuerpo arbitral y de esta forma hacer con el marcador lo que le viniera en gana.

Lanza la bola y la reacción no se hizo esperar, quiere sentarse en las rodillas al INE y meterle mano. Un ejército de mexicanos le espetan un rotundo NO, se arma la batalla y Andrés Manuel utiliza su soporífero talk show de las mañaneras para repartir guantazos.

El resto de la historia la conocemos, López Obrador se va como «gorda en tobogán” durante diez días repartiendo insultos, una poderosa marcha se da miles de inconformes toman las calles de la ciudad, el presidente utiliza el aparato de seguridad del estado y espía a los que asisten, se burla…

Y la inconformidad ciudadana crece, el rey se va sintiendo desnudo, el PRI de Alito sale y se engalla, que no habrá reforma del INE, López Obrador insiste en que propondrá un plan B, el senador Ricardo Monreal, único dentro de morena sentencia que cualquier propuesta de reforma electoral que sea regrecionista será echada para atrás…

Algunos diputados de morena hablan de proponer una reelección presidencial, una verdadera estupidez que provoca risas, pero consigue seguir alimentando la agenda del mandatario, Andrés Manuel aparece de nuevo frente a las cámaras y machaca que ahora se concentrará en reducir el dinero al INE, secarlo bajo el argumento de que gastan mucho.

Las llamas continúan en la pradera mediática, todos hablan, todos opinan, México hierve en polarización y desencuentros… El presidente sonríe, vuelve a ganar tiempo y le diré por qué.

Desde hace tiempo, expertos en estos temas legislativos habían advertido que la propuesta para desaparecer al INE tal y como fue planteada por el presidente vería estrellarse en las cámaras, que de ser moldeada en la de diputados, en el senado sería regresada para corregirse al ser un mazacote inconstitucional. López Obrador ya había perdido en un escenario real, pero vuelve a encontrar la vena de la oportunidad en su mejor cancha, el de la división social, y ocupa a el INE como su pólvora, hace explotar la paciencia de millones, pero gana la agenda…

López Obrador es muy vivo, un zorro, pues ha conseguido que los medios dejemos de ocuparnos de los verdaderos asuntos que le venían generando un daño terrible a su popularidad, me refiero a las revelaciones del libro EL REY DEL CASH y el goteo informativo de Guacamayas Leaks que han venido suministrando de datos duros, investigados por la propia SEDENA, y que le pusieron el cascabel al gato con las podridas ligas de importantes personajes de Morena con los narcos o huachicoleros.

No se habla de los 130 muertos por el crimen organizado, ni de la inflación, ni de la corrupción en el IMSS o en dos bocas o el fracaso del tren maya o lo inservible del AIFA.

Ni de Pio, ni del fracaso que ha significado los millones invertidos a la campaña de la doctora, no se habla de las matanzas en el bajío, ni de los feminicidios, ni del robo en Segalmex y el entrañable amigo del presidente, Ignacio Ovalle, un escándalo que hace referencia a uno más de los fracasos de esta administración.

Andrés Manuel vuelve a ganar oxígeno, juega con el imaginario de que hará trizas al INE, cuando en realidad ya no puede, se pudrió su ensayo golpista, pero buscará hacerles daño a sus peores enemigos, los consejeros electorales, mientras tanto, hace de la pirotecnia un arte de distracción.

Nos arroja toneladas de atole, mientras inyecta amnesia, provoca distractores… es un artista de la propaganda, solo que los recursos se le van agotando y pronto, esa desnudez política se convertirá en decadencia. 

Su errático sexenio, uno de locura, mentiras, odio, fanatismo, de engaños, uno de los más corruptos y criminales está condenado a el banquillo, la realidad está demoliendo… mientras esto ocurre, López Obrador, el hombre que mejor sabe manejar las emociones sociales, nos obliga a mirar hacia otro lado.

Es un genio, que poco a poco perderá el poder de su lámpara.