Miguel Ángel López Farías 

Pues sí, existe molestia y extrañeza en el equipo del canciller Marcelo Ebrard ante la negativa de su jefe por no tomar la llamada del virtual presidente de los EUA Joe Biden, los equipos del próximo inquilino de la Casa Blanca y los de relaciones exteriores mexicanos han estado en contacto, los de aquí argumentan que aguardan los tiempos legales electorales en los Estados Unidos para que la dichosa llamada se dé.  

Lo cierto es que para el experimentado Ebrard esto significa un portazo innecesario a quien habrá de acompañar a el presidente de México los siguientes tres años, una situación que obligaría a mostrar otro tipo de estatura política por parte del tabasqueño, pues es bien sabido que México depende en gran medida de las buenas o malas relaciones con su vecino del norte, así ha sido a lo largo de la historia y no va a cambiar, situación que provoca aún más el que en las mentes pensantes de la 4T se dibuje la preocupación de lo que pinta como un berrinche de López Obrador y no precisamente su vocación por respetar un resultado que es y parece conclusivo para los norteamericanos. 

Biden, se sabe, no simpatiza con el presidente de México, de hecho, en distintos momentos de la campaña de refirió a su adversario Trump como una especie de populista, un personaje cargado de ocurrencias e irresponsable, vamos,un saco que al de aquí le quedaría muy bien.  

Y no descontemos el que el presidente mexicano fue muy claro en su visita a Trump como parte de una estrategia electoral para jalar el voto mexicano allá, una descarada intromisión que no fue bien vista por Biden .  

El gobierno de México y la experiencia de Marcelo Ebrard tienen frente a si una prueba de cirugía reconstructiva, buscando que el buque de su jefe, el presidente de México, no termine en el fondo del mar producto de los torpedos yanquis, pues la advertencia sobre la revisión de los tratados como el T-MEC, la violencia y el crimen institucionalizado en nuestro país, así como los aires populistas de este gobierno serán duramente observados por el virtual presidente de los Estados Unidos. 

Y un detalle, si Marcelo consigue la hazaña de reparar los jarrones rotos por su patrón, se colocaría una estrella en la frente con miras al 24. Ya lo veremos. 

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