Miguel Ángel López Farías

Son dos personajes que se hicieron amigos desde la palestra de la desgracia, Javier Sicilia y Julián LeBarón, a ambos les mataron a familiares, el poeta impulsó la marcha nacional por la paz con justicia y dignidad, el 28 de marzo del 2011 su hijo fue asesinado junto con otros seis chavos en Morelos.

Se enfrento a Genaro García Luna, reto al entonces presidente Felipe Calderón, su voz se convirtió en una de las recias de aquel tiempo, sumó cientos de miles más y sus cartas se hicieron famosas, a Julián LeBarón le mataron un hermano, y a sus nueve familiares en el ataque de hace un mes, seis niños entre ellos.

Perteneciente a una de los grupos religiosos más poderosos de los Estados Unidos, la comunidad mormona, colocó anclas en Washington para presionar al gobierno de AMLO y que sean las autoridades de los Estados Unidos los que intervengan en el caso del ataque. Javier y Julián son en este momento los dizques más pesados para el mandatario, el cual mostró el yerro más delicado de su olfato político, gratuitamente rechazó reunirse con Sicilia, dijo que “le daba flojera”.

El activista ha pedido cambios en la estrategia, el choque bien podría quedar solo en una vieja disputa entre Andrés Manuel y Javier Sicilia, pero no, los filos de la trama son otros e involucran a los Estados Unidos, y esto se ha tratado de minimizar con un par de semáforos en verde para permitir que algunos agentes del FBI se asomen al caso de Vabispe, en realidad las aguas movidas por la comunidad mormona son mucho más salvajes y serias que lo que se piensa.

Donald Trump sabe que, tanto en lo electoral como en lo político, México y sus debilidades institucionales son una pieza formidable de cambio, que puede ocupar como banderas que le dotarían de mayor kilometraje para conseguir la reelección, y la poderosa comunidad religiosa de Ohio le acercarán todo el apoyo a cambio de que la Casa Blanca lleve a cabo toda la presión necesaria en contra del gobierno de México.

Por ello no se debe quedar en un mero raspón entre dos líderes, el de la sociedad civil y el creciente número de frustrados encabezados por Sicilia y el propio presidente de México, pues lo que viene es una marcha a la cual se le sumarán muchos descontentos, voces que se sienten agraviadas por la Cuarta Transformación.

Las calles serán el escenario y será necesario que el presidente deje de lado la molestia y los calificativos de conservadores o derechistas a todos los que no opinen como él y se acerque a ese cosmos de manifestantes que podrían crecer de un momento a otro. Ya no se trata de descalificar o no a sus adversarios, se trata de una serie de hilos que desde los Estados Unidos harán que se sienta el poder de Trump en contra de palacio nacional.

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