Miguel Ángel López Farías

Se encontró con los suyos, fueron miles, los aires de la campaña aún no se han ido, nos recordaron que sigue fuerte, que el operativo para movilizar a la tropa de morena esta aceitada y funciona, el presidente suelta una sola línea que busca calmar, traer serenidad, grita: ” no lucho para construir una dictadura”, así lo recogen la mayoría de los medios de comunicación.

La vacuna busca curar lo que muchos dicen sobre las ganas de López Obrador por perpetuarse en el poder, que está buscando destrozar a las instituciones, que la manera de hacer gobierno es una.

En donde solo él decida lo que habrá de ocurrir en esta patria. Y aunque diga lo contrario, un tufo de sospecha continúa sobre el ambiente.

El presidente es un mago de los discursos, de sus tiempos, sabe que contenido vaciar y para quien, el auditorio, su auditorio se lo aplaude, y claro que lo siguen acompañando personajes de la talla de Carlos Slim, de Azcárraga, empresarios poderosos que entienden muy bien esto de los juegos de poder, de la autoridad que impone la silla, esa que dura seis años, y después, vendrán los cambios de rostros, otras promesas y otros compromisos.

El ritual es cíclico y de alguna u otra forma somos participes de ello, así es la política a la mexicana, así sus usos y costumbres, solo que el golpe de la realidad se encuentra esperando para entrar en acción, y el presidente sabe que aquellos pendientes de los que hizo mención, sobre inseguridad, salud y economía son los dardos que podrían lastimarlo, que harían sangrar a su administración, ahí es donde su concentración debe ir.

Los elogios vertidos ayer no deben nublar la razón y su consejo, que es uno solo: gobernar para el bien de todos y no solo para un exclusivamente un auditorio. La forma de acabar con el crecimiento exponencial del secuestro, del rosario de ejecuciones y de cómo los criminales han retado de manera frontal al estado mexicano es, tiene que ser, con la voluntad del mismo mandatario por acercarse a las fuentes reales de estos fenómenos, de saber escuchar a quienes ofrecen datos distintos a los que le hacen llegar.

Ayer, el presidente vio un zócalo repleto, y yo digo que para el ánimo de cualquiera es positivo siempre recargarse de ese tipo de voltajes, pero que sin caer en el espejismo se vaya dirigiendo a lo que el tantas veces vio y escucho en sus cientos de recorridos por el país cuando andaba en campaña y le urgía el voto.

El presidente sostiene que él es distinto a los demás, que él no miente, ni es corrupto, sostiene que sus pendones son otros, con mayor razón para romper con los paradigmas de aquellos mandatarios que se encerraron a piedra y lodo, como sucedió con Peña, quien solo escuchaba la voz de tres de sus aduladores y termino llevando su gobierno al desastre.

El actual presidente lleva muy poco tiempo en el poder, es un personaje hábil, experimentado, con rasgos de querer salirse siempre con la suya, lo que le ha llevado a varios tropiezos y distintas correcciones, eso lo hace humano, cierto, pero nos urge  un estadista, alguien que sepa que decir y como proyectar una idea, no los machetazos  a los que nos viene acostumbrando , el presidente  tiene tiempo, aún hay tiempo, pero debería conducirse en una ruta de mucha mayor autocritica, cosa difícil para una autoridad que se construyó así misma desde la tozudez y el autoelogio.

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