Leer nos permite viajar a través del tiempo,

tocar con la punta de los dedos la sabiduría

de nuestros ancestros.

Carl Sagan

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

La conferencia mañanera, en teoría, era un buen ejercicio de comunicación entre el presidente y los medios. También debería ser un foro para aclarar temas e, incluso, para ejercer el derecho de réplica. Pero muy pronto se desdibujó y se convirtió en un espacio para mentir y dar verdades a medias, para destruir y crear narrativas alegres con saliva, pero débiles ante los hechos y la evidencia.

Aquí se lo he dicho: desde la vocería de la Presidencia se construyó un aparato de manipulación y propaganda. Para que funcionara, necesitaban sus comunicadores, también creados a modo: burdos, a quienes se les dio la tarea de ser propagadores, justificadores y paleros de lo que se dice desde la palestra de Palacio Nacional. Ahí hemos visto lo inverosímil: piratas, vaqueros, moléculas, abanderados del “periodismo” aunque no tengan técnica, desconozcan los géneros y jamás hayan hecho investigación. Esos son los que les gustan y los que llevan mano en la conferencia.

Se ha preguntado de todo: si está vivo Juan Gabriel, qué piensan de la vida extraterrestre y otras tonterías que no son de interés periodístico. También usan el espacio como gestores de temas particulares; se ofrecen para echar partidas de domino con López Obrador y hasta emplean los tiempos oficiales para presentar sus deudas académicas, como tesis con las que se titularon como maestros en periodismo. Da igual, porque además algunos se presumen con doctorados honoris causa.

No hay rigor en su proceder. Ahora el tal “Lord Molécula” acusa a los medios de comunicación de Sinaloa de ser los orquestadores de una campaña para ensuciar el buen gobierno de Rubén Rocha Moya. Según él, la entidad está bien, no hay violencia en las calles y la gente puede caminar tranquilamente. De nuevo, todo es un invento; su único argumento es que él salió a “reportear”.

Como estará la situación que la violencia volvió a irrumpir en la vida cotidiana de Sinaloa y, una vez más, transformó la rutina de cientos de familias. En la zona serrana de Tepuche, al norte de Culiacán, 328 hogares se vieron obligados a dejar sus casas con lo indispensable a cuestas, huyendo del miedo y la inseguridad.

En medio del desarraigo, las niñas y los niños enfrentan una nueva incertidumbre: sus clases se han trasladado a un formato a distancia, intentando mantener un poco de normalidad desde hogares que hoy no les pertenecen.

Dos amigos y colegas sinaloenses, que saben porque son de allá, que han recorrido el territorio y conocen las entrañas de su estado, se indignaron por lo que vieron en la mañanera. El primero dijo que las declaraciones del fulano pseudoperiodista no sirven de nada y no ayudan: “Son una falta de respeto y qué poca madre”. Luego remató con una invitación para que vaya a las sindicaturas de Culiacán y circule.

El otro comunicador y amigo preguntó de entrada: “¿Cuánto le pagaron?”. Luego hizo una narración de lo dicho en la mañanera por el sujeto. La pregunta es pertinente, es periodística y, obviamente, se anticipa la respuesta. Así se han descompuesto las cosas en la “mañanera del pueblo”: ahí donde parece que todo se vale, mientras no sean cuestionamientos serios y con rigor, porque entonces se molestan y hasta dicen: “Ya no te voy a contestar”.

Ese es el “periodismo” que les gusta, el que les acomoda y el que han construido desde el poder. Ni modo por las audiencias que se dejan manipular… mejor ahí la dejamos.

Entre Palabras

Vaya tema el de los hijos del Pejelagarto: amparados o no, dilapidaron la “honestidad valiente” de su padre, aunque fuera solo un dicho. Favor para Sheinbaum: se desactivan y pierden terreno rumbo al 2030.

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Hasta la próxima.