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Palabras Más / ¡Sin credibilidad!

Parece más sabio asumir lo peor desde el principio

y dejar que lo mejor llegue como una sorpresa

Julio Verne

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Qué duda cabe, el Instituto Nacional Electoral enfrenta una de sus crisis de credibilidad más delicadas desde su creación. Hoy está envuelto en los escándalos por los presuntos actos de corrupción que involucran a su presidenta, Guadalupe Taddei, los contratos otorgados a personas cercanas y los videos que se han filtrado a la opinión pública. Ciertamente, la situación es cada vez más complicada y veremos hasta dónde se estira la liga y quién asume el costo político.

No es la primera vez que la reputación del INE se ve menguada. Hay que recordar que, durante el proceso electoral de 2006, López Obrador acusaba que se trataba de una elección de Estado y que el entonces IFE no era imparcial. Señalaba a los consejeros de jugar a favor de Felipe Calderón, pero lo cierto es que el panista terminó imponiéndose en una elección muy cerrada, cuyo resultado fue cuestionado por el tabasqueño, quien denunció un fraude y puso en duda la actuación de la autoridad electoral.

Con la elección de 2012, la cosa no cambió mucho y, de nuevo, López Obrador y los suyos denunciaron irregularidades y cuestionaron el proceso. Sin embargo, Enrique Peña Nieto obtuvo el triunfo y otra vez arremetieron contra el IFE y las autoridades electorales. Después, en 2014, vino la reforma electoral que dio paso al INE. Hay que decir que varios de los que hoy están en el oficialismo participaron como legisladores en aquellos importantísimos cambios.

A pesar de los embates de Andrés Manuel y su camarilla, el INE conservó parte de su credibilidad como árbitro electoral, tanto así que fue Lorenzo Córdova quien dio a conocer el resultado que confirmaba la contundente victoria del Pejelagarto la noche del 1 de julio de 2018. No hubo duda sobre el ganador: la 4T había arrasado en las urnas y llegó con la legitimidad que el instituto, como árbitro, había avalado. Nadie les regateó absolutamente nada.

Desde que López y los suyos llegaron al poder, traían la determinación de hacerle cambios al INE, meterle mano, sobre todo para colocar a sus incondicionales y tener un buen apalancamiento con quien organiza las elecciones. Por ello, la llegada de Guadalupe Taddei a la presidencia del organismo generó cuestionamientos sobre su independencia, entre otras cosas por los vínculos familiares que se le atribuían con integrantes de Morena. Ahora, los señalamientos sobre contratos y presuntas irregularidades vuelven a poner sobre la mesa las advertencias acerca del debilitamiento institucional y la erosión democrática.

Hay que decir que ni José Woldenberg Karakowsky, ni Luis Carlos Ugalde Ramírez, ni Leonardo Valdés Zurita, ni Lorenzo Córdova Vianello —este último, blanco asiduo de López Obrador en la mañanera por el audio filtrado en el que se mofa de unos inconformes— enfrentaron una crisis como la que hoy rodea a Guadalupe Taddei por los señalamientos sobre contratos y posibles conflictos de interés. Eso no significa que los anteriores titulares hayan estado libres de cuestionamientos, pero la situación actual obliga a preguntar qué está pasando dentro del instituto y quién debe responder. ¿Qué se investigó sobre las gestiones anteriores y qué se esclarecerá ahora sobre la de Taddei?

Por cierto, hay que recordar cómo llegó al cargo. En marzo de 2023, después de que los diputados no alcanzaron un acuerdo para designar por mayoría calificada a quien encabezaría el organismo, se recurrió a la insaculación, es decir, al sorteo. Así fue como Taddei llegó a la presidencia del INE, mediante un procedimiento legal, pero cuestionado políticamente por quienes advertían sobre los riesgos para la autonomía del árbitro electoral.

Hay algo que no puede ignorarse: la confianza en una institución no se sostiene solamente con declaraciones, comunicados o portales de transparencia. Se construye con hechos, independencia y rendición de cuentas. Cuando aparecen señalamientos de esta naturaleza, la obligación de quienes encabezan los organismos públicos es despejar las dudas con pruebas, transparentar los contratos y permitir que las investigaciones sigan su curso, no conformarse con afirmar que todo se trata de ataques políticos.

Vaya crisis y vaya fuego amigo. Algo se rompió para que ni siquiera varios de los morenos le den su apoyo incondicional, como en el pasado reciente. Y aunque digan que hay independencia, las dudas están ahí y el costo político puede crecer. Como estarán las cosas que la titular del INE, Guadalupe Taddei, presentó su renuncia, así que los escándalos si fueron suficientes. En Palacio Nacional tampoco deben estar muy cómodos con el escándalo… pero mejor ahí la dejamos.

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