Guillermo Pimentel Balderas
- Se transforman en espacio de competencia por el poder
Paraguay y Uruguay, son las naciones donde los partidos políticos “más o menos funcionan”. En ambas naciones esos institutos políticos se controlan en las ciudades capitales: la política en Asunción y Montevideo y “no hay un juego importante desde el punto de vista subnacional”, aseguró el profesor de las universidades Nacional de San Martín, Argentina, y Autónoma de Guerrero, México, Marcelo Cavarozzi.
En ocasión del Seminario Interinstitucional “El futuro de la democracia en México”, realizado en el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el también exprofesor de las universidades de Yale y Georgetown, y del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Estados Unidos, expuso: “en América Latina y el resto del mundo nos enfrentamos con una expansión de las democracias minimalistas (posición extrema en política o en cualquier otro orden) que sobreviven, pero no logran impulsar cambios”.
En la sesión, moderada por el investigador del IIS, Francisco Valdés Ugalde, en el auditorio Pablo González Casanova, Cavarozzi reconoció: “la democracia nunca da lo que promete; sin embargo, es creíble en la medida que su promesa también lo es”.
Al hablar del caso mexicano, refirió: “aun no entiendo cómo la integración, plena pero asimétrica (anómala) del país a Estados Unidos, afecta el funcionamiento partidario presidencial”.
Advierte: “la manera cómo se comparte esa relación tan central en la vida cotidiana por diversas razones, es esencial para el México actual, para el partido que está en el poder y para la presidenta”.
Cavarozzi afirma que los partidos políticos se están disolviendo en todas partes, y que, “en América Latina (AL) hay un problema en nuestras democracias: cómo se controla el poder de los políticos que ejercen funciones públicas, especialmente en el ejecutivo y el legislativo, pero también en el judicial”.
El académico fue muy claro al denotar que, se observa que la democracia se transforma en un espacio de competencia por el poder, por el cargo, pero no por lo que se puede hacer más allá de los beneficios que individual o grupalmente se puedan conseguir.
Al abordar el tema: “Los legados de la ‘institucionalización disonante’ en democracias contemporáneas de América Latina” puntualizó que, otra cuestión que se debe considerar es el análisis de los militares, pues en varios países de la región son una amenaza y controlan el territorio, como en algunos sitios de Perú”.
Alertó el experto que los partidos políticos se están disolviendo en todas partes, en el sentido de un liderazgo democrático más o menos efectivo, y de la presencia de una militancia con algún sentido democrático, más allá de la preocupación por conseguir un puesto.
Por lo tanto, Cavarozzi consideró que en Latinoamérica se registra la incapacidad del Estado para monopolizar el control legítimo de la violencia. “Vamos para atrás desde hace varias décadas, y eso lleva a que el control de la vida cotidiana, especialmente de los sectores populares, se traslade a los grupos criminales”.
De acuerdo con el especialista, barrios de cualquier ciudad, como Medellín, Colombia; o Rosario, Argentina, están controlados por pandillas. “Lo mismo ocurre en prisiones como las de Ecuador; o Río de Janeiro o Sao Paulo, Brasil. “En esa desmonopolización del Estado del control de la violencia está otra línea de quiebre de nuestras democracias”, enjuició.
Dice mi abuelita: Es importante considerar que de acuerdo a Stephanie Henaro, en su articulo publicado en El Economista (11.11.2024), considera: “Si votar lo que sea basta para que algo sea considerado como democrático, sin calcular los efectos, entonces estamos en tiempos de democracia minimalista”. Indica: “Tómese por ejemplo la reforma al poder judicial”. Reflexiona: “en la democracia minimalista lo que define a la democracia es el voto. ¿Para qué? Quién sabe”.











