La mentira política moderna ya no esconde nada tras de sí,
sino que se basa en lo que todo el mundo.
Jacques Derrida
Arturo Suárez Ramírez
Estimados lectores muchas gracias por su tiempo. Las diferentes lecturas sobre la actuación de las fuerzas armadas en la captura y luego liberación del “Chapito” en Sinaloa, son unánimes, el Gobierno Federal midió fuerzas con el crimen organizado y salieron perdiendo y humillados, esto desnuda la falta de una verdadera estrategia de contención para pacificar al país.
Las cosas no han cambiado mucho desde que Felipe Calderón abrió la caja de pandora esperando justificar su elección puesta en duda por López Obrador. La política pública de combate al narco no sufrió cambios sustanciales en el sexenio peñista, solamente le bajaron a los comunicados y capturas que tanto le gustaban a Calderón y que se daban vuelo en los noticiarios matutinos con controles remotos para presentar al más buscado.
La expectativa generada por Andrés Manuel López Obrador de pacificar al país al llegar a la presidencia se está desvaneciendo poco a poco, aunque desde la campaña mostró por donde iría su “estrategia”, el perdón a diestra y siniestra, la amnistía al punto de no cumplir la ley con tal de conservar la imagen cándida del tabasqueño.
Mientras que la retórica del presidente se está agotando, sus rutinas mañaneras ya no informan y poco convencen, el folclor que les pone llega a lo patético y lo declarado muchas veces le revota en la cara, el mejor ejemplo fue la contestación a la prensa de acusar a los criminales con sus mamás y abuelas, o decirles “fuchi” o “guácala” para frenarlos, si esa es la estrategia, lo anticipamos, estamos perdidos lo mismo que la Cuarta Transformación, porque vamos en el mismo barco.
Lo ocurrido en Sinaloa representa la primera crisis verdaderamente profunda para el gobierno de López Obrador, el respaldar la decisión de soltar al capo y rendirse ante este grupo de sicarios que recobró la plaza en 20 minutos infundiendo terror, lo pone franco contra la crítica de la prensa y sus detractores, el Estado se sume en una crisis de seguridad, de política y de credibilidad. Veremos si la 4T tiene capacidad de respuesta.
El no saber manejar una crisis política y de comunicación es un error terrible en la administración pública, a Peña Nieto le pasó con el caso de los normalistas desaparecidos, por no atender bien el caso, por sostener mentiras y funcionarios mediocres, más el entorno de la obscena corrupción terminó por clausurar su mandato a los tres años de iniciado, después de eso no pasó nada con el nuevo PRI, así que AMLO debe aprender la lección, porque falta mucho trecho para terminar el encargo.
Insisto a mí no me da gusto el fracaso de Andrés Manuel López Obrador, porque significa el fracaso de todos, pero si debe hacer un ejercicio de autocrítica y replantear sus políticas para pacificar al país, pero sobretodo una, la más importante que es cumplir y hacer cumplir la LEY nada más, pero nada menos.
Entre Palabras
Celebro la renuncia de Carlos Romero Deschamps, otro personaje del PRI que hizo su voluntad en el sindicato de Pemex. Pero la renuncia no basta, ¿se atreverá el presidente a ir en su contra? O… ¿Ya lo perdonó?
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Muchas gracias y hasta la próxima.













