Lo admirable es que el hombre siga

luchando y creando belleza

en medio de un mundo bárbaro y hostil

Ernesto Sábato

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Aquello de que se terminó el viejo régimen parece existir solo en los discursos. López Obrador revivió el presidencialismo: el jefe del Estado y líder del partido, además de aquella supuesta autoridad moral e incorruptible que hoy se cae a pedazos.

Todavía se conservan las viejas formas, se sacraliza la figura presidencial y hay que estar bien con la mera mera. Eso sí, se dan baños de pueblo, recorridos a modo para dejarse querer por la gente.

Las viejas liturgias del PRI ahí siguen.

Qué tal aquel recuerdo de López Portillo hablando del orgullo del nepotismo, o la supuesta anécdota de Porfirio Díaz, cuando pregunta: «¿Qué hora es?» y recibe como respuesta: «Las que diga, señor presidente». Todo para quedar bien con quien concentra el máximo poder.

Esto viene al caso porque, en el siglo pasado, cada vez que un presidente hacía una gira, había que pintar las calles, arreglar las banquetas y mejorar el alumbrado. Mero maquillaje para que todo pareciera estar bien. Pero ¿qué pasaba más adentro, en las colonias? Los problemas de siempre seguían ahí; solo se preparaba el escenario para la visita. Otra vieja práctica que revive.

En plena crisis del sector Salud, en medio de protestas y marchas, se han viralizado en redes sociales videos en los que se observa a personal limpiando hospitales, llenando los anaqueles de las farmacias, cambiando colchones y puliendo pisos. Todo porque la presidenta Claudia Sheinbaum visitará algunos hospitales, dicen que de sorpresa. Si las imágenes corresponden a instalaciones que recibirá la mandataria, la pregunta es inevitable: ¿se trata de mejorar los servicios o de dejar todo listo para la fotografía?

¿Quién está a cargo de esta operación de maquillaje? ¿De verdad Claudia Sheinbaum desconoce el estado en que se encuentran las clínicas y los hospitales? Una visita no debería ser motivo para simular que todo funciona, sino una oportunidad para conocer las carencias y resolverlas.

En los tiempos de Vicente Fox echaron a andar el programa Enciclomedia, que pretendía equipar los salones de quinto y sexto de primaria con una computadora, programas educativos y un pizarrón electrónico. Aquello fue un fracaso, pero lo peor es que, durante las giras de Fox, equipaban un salón, se tomaba la foto y después desmontaban todo para repetir el engaño. Se presumían avances, aunque el beneficio no llegara de manera permanente a las escuelas.

En mucho, las cosas no han cambiado. Se siguen montando escenografías para mandar el mensaje de que todo va bien, mientras los problemas permanecen. Como en los viejos tiempos, lo importante parece ser quedar bien con quien manda. Pero los hospitales no se arreglan para una visita ni el desabasto desaparece con una fotografía. La hora podrá ser la que diga el presidente; la realidad, tarde o temprano, termina por imponerse.

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