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Palabras Más / ¿Para dónde vamos?

La mediocridad no conoce nada superior a sí misma;

pero el talento reconoce al instante un genio

Sherlock Holmes

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Nos han venido repitiendo desde la mañanera y desde 2018, una y otra vez, que el sistema de salud sería como los mejores del mundo. De hecho, en su último informe de gobierno, aquel 1 de septiembre de 2024, López Obrador se aventó la puntada de decir que dejaba un sistema mejor que el de Dinamarca. Claro que era parte del discurso de un demagogo; la realidad lo desmentía una y otra vez.

Esa es una de las herencias más complicadas de sortear para el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, quien, por seguir la misma línea narrativa, también está perdiendo credibilidad en el tema de la salud. Y es que se pueden presentar cifras alegres en la mañanera, pero, aunque los usuarios sean morenos recalcitrantes, es evidente que las cosas no van nada bien.

Desde Palacio Nacional, la respuesta ha sido la negación. Por ejemplo, el pasado 22 de septiembre, la presidenta rechazó que existieran protestas generalizadas de médicos en todo el país y negó que hubiera un desabasto nacional de medicamentos. Reconoció que no se había alcanzado el cien por ciento del abasto, aunque aseguró que se había avanzado considerablemente.

Y ahí vamos, como Pedro, negando una y otra vez que exista una crisis al respecto. A sus funcionarios no les queda más que secundarla. Cuando un periodista le pregunta sobre el tema, se molesta; se le saltan los ojos y las venas del cuello para repetir que las cosas no son así. Pero durante toda la semana pasada, y sobre todo el viernes, trabajadores de la salud salieron a las calles para exigir mejores condiciones laborales, denunciar la falta de insumos y medicamentos, y pedir un aumento salarial. Incluso, han advertido sobre la posibilidad de un paro nacional.

¿A poco nos van a salir con que también esas protestas forman parte de un complot de la derecha para descarrilar un buen gobierno?

Las marchas y los plantones comienzan a repetirse. No ocurren solamente en la Ciudad de México, sino también en hospitales y clínicas de por lo menos 14 estados, incluidos Jalisco y Durango, donde también se exige investigar las muertes de bebés. Lo mismo sucede en el Estado de México, donde se ha denunciado la falta de fórmulas magistrales esenciales para tratamientos oncológicos y renales. El personal de salud ha expuesto estas carencias y advierte que las protestas podrían incrementarse.

¿Qué tal en la Ciudad de México? Las manifestaciones se registraron en diferentes puntos, como Paseo de la Reforma, calzada San Isidro, Circuito Interior y el Centro Médico, entre otros. Ahí, la fuerza de los granaderos —porque eso es lo que son— retiró a los manifestantes. Esa es la Ciudad de Clara Brugada, que muestra su lado intolerante. No fuera un plantón o una marcha de sus afines, porque hasta los cuidan.

El problema es que una cosa son los porcentajes presentados en una conferencia y otra la realidad que se reporta desde las unidades médicas. Si el gobierno sostiene que el abasto ha mejorado, tiene la obligación de demostrarlo con información verificable, hospital por hospital, y explicar dónde están las fallas. No basta con negar que exista una crisis generalizada cuando hay trabajadores que están exponiendo públicamente sus carencias.

Aquí se lo he dicho: han pasado ocho años de morenato y ya hay responsables con nombre y apellido de la situación. Incluso, colectivos de padres de niños con cáncer presentaron una denuncia penal ante la FGR contra Andrés Manuel López Obrador, Andy López Beltrán y el empresario Jorge Amílcar Olán, por su presunta responsabilidad en el desabasto de medicamentos oncológicos, según los denunciantes. Las acusaciones deberán esclarecerse por las vías correspondientes, pero el problema del desabasto y sus consecuencias no pueden seguir esperando.

El problema va para largo. Quizá intenten matizarlo con un posible aumento salarial, pero lo demás, la calidad del servicio y el desabasto, seguirá siendo una piedra en el zapato para la actual administración.

Han pasado ocho años de promesas y seguimos preguntándonos para dónde vamos. Porque en salud, los discursos no curan, las cifras no sustituyen los medicamentos y negar las carencias no resuelve el problema… pero mejor ahí la dejamos.

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Hasta la próxima.