La construcción democrática de México
es obra de muchos: de muchas cabezas, muchos talentos,
muchos esfuerzos, muchas plumas y muchos activistas
Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
La figura del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano es fundamental para la historia política y social de México, desde el siglo pasado hasta nuestros días. Indiscutible demócrata, disputó la Presidencia en 1988, pero la caída del sistema electoral dejó dudas sobre el triunfo de Carlos Salinas de Gortari. Cárdenas logró aglutinar a buena parte de la izquierda para intentar sacar al PRI del poder. Junto a él están los nombres de Rosario Ibarra de Piedra, Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y Heberto Castillo, todos ellos ya fallecidos.
Con Cárdenas Solórzano se va toda una época de lucha, de andar por las plazas públicas, de participar en debates y de impulsar una izquierda que buscaba abrirse paso en un país dominado durante décadas por el PRI. Fue también uno de los impulsores del propio Andrés Manuel López Obrador. Crítico del PRI y del PAN, pero también de la 4T, en varias ocasiones cuestionó el rumbo del movimiento. Recuerdo un desayuno con colegas periodistas en el que participó y donde dijo que no sabía qué buscaba ese proyecto, que no había una verdadera propuesta de izquierda. Quizá eso lo alejó del Pejelarato.
Por ahí de 1992, cuando ya estaba conformado el PRD y se preparaba para buscar nuevamente la Presidencia, lo conocí durante una visita al comité de ese partido en Azcapotzalco. Mi familia andaba metida en la política y apenas fueron un par de minutos los que coincidimos con él, pero me pareció un verdadero gigante. No solo porque era muy alto, sino porque su mano le daba toda la vuelta a la mía. Aquello de verlo por televisión también hacía su trabajo para magnificarlo.
Después, también con mi familia, saliendo de un juego de futbol en el estadio de la colonia Noche Buena, un modesto coche se nos emparejó en un alto. Del otro lado, en el asiento del copiloto, viajaba Cárdenas. Al hacerle señas, bajó la ventanilla y nos saludó. Andaba recorriendo el Distrito Federal porque buscaría la Jefatura de Gobierno, que ganó en 1997 para convertirse en el primer jefe de Gobierno electo de la capital.
Ya después, como reportero, lo entrevisté varias veces. Estuvo con nosotros por ahí de 2010, cuando conducía un programa en ABC Radio, El Punto Crítico de la Noticia. Un tipo brillante, culto, siempre dispuesto, aunque su seriedad imponía a cualquiera. Te podía dar la mejor entrevista o responder casi con monosílabos. Afortunadamente, platicamos con él durante más de media hora, mucho tiempo para un programa de radio.
En otra ocasión, en 2014, tenía un programa de radio llamado La Otra Frecuencia. Ahí hacíamos perfiles y entrevistas de semblanza con personajes diversos. Luego de gestionarla durante semanas, al fin Cuauhtémoc Cárdenas aceptó la entrevista. No pudo acudir, pero tomó la llamada.
Por aquellos días había corrido el rumor de que dejaría el PRD, partido que fundó, aunque no había querido hacerlo público. Hacia el final de la entrevista le lancé la pregunta y la esquivó. Le insistí y, de nuevo, no contestó. A la tercera, antes de despedirlo, me dijo que lo haría oficial en unos días. Así, en aquella conversación, nos adelantaba lo que estaba por ocurrir. El 25 de noviembre de 2014 anunció su salida del partido, luego de 25 años de militancia. El PRD perdió el rumbo y, después, López le dio la puntilla con la conformación de Morena, pero esa es otra historia.
Se va uno de los personajes emblemáticos de la política nacional. De niño corrió por los jardines de Los Pinos, la residencia oficial donde vivió su padre, el general Lázaro Cárdenas. No pudo ser presidente, pero su trayectoria quedó ligada a una de las etapas más importantes de la lucha democrática del país. Como todos los grandes, tuvo luces y sombras.
Y uno, como reportero, qué suerte tiene de poder conocer, entrevistar e interactuar con personajes que marcan el rumbo de la historia. Me quedo con esos encuentros, con las conversaciones y con el recuerdo de haber tenido enfrente a un hombre que fue parte de una época.
Descanse en paz…
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Hasta la próxima.















