Decían que preferían ser forajidos un año
en el bosque de Sherwood antes que
presidentes de los Estados Unidos para siempre
Las aventuras de Tom Sawyer
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Hay voces que intentan desacreditar la marcha de médicos, enfermeras y personal administrativo del sector Salud. Así llevan varios meses. Al principio, las protestas eran esporádicas y desarticuladas, pero las exigencias y las carencias eran una realidad. Desde Palacio Nacional decidieron negarla y, finalmente, las demandas acumuladas, junto con la exigencia de un aumento salarial, fueron el catalizador para que salieran a las calles, como lo hemos visto.
En el sexenio de Felipe Calderón hubo varias protestas por la creciente inseguridad, por la guerra contra el narcotráfico que declaró el michoacano y por las víctimas que llamaron daño colateral. Luego vinieron meses y meses de protestas por la extinción de Luz y Fuerza del Centro (LyFC). Ahí estaban los manifestantes, muchos de los cuales hoy gobiernan, incluido el Pejelagarto. Antes, habían mantenido un plantón en Paseo de la Reforma en protesta por la elección de 2006, que ganó Calderón y cuyos resultados nunca aceptaron, aunque no presentaron pruebas contundentes de sus acusaciones.
Con Enrique Peña Nieto, la gente siguió protestando en plazas públicas, mítines y marchas contra las reformas estructurales del Estado. Entre ellas estuvo la defensa del sector energético, una causa en la que López Obrador cimentó una nueva campaña presidencial. Qué bueno que se protestó. Después vino la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, que terminó por darle la puntilla a una administración marcada por la corrupción.
En nuestra sociedad, las manifestaciones son parte de la cotidianidad, unas más fuertes que otras. A ningún gobierno le gusta que la gente salga a las calles, que se altere la vida diaria y, mucho menos, que lo exhiban. Pero, desafortunadamente, parece que hay que mostrar el músculo; no importa quién esté en la Presidencia, ese es el camino.
Los de la 4T han buscado por todos los medios desvirtuar las peticiones. No quieren que se hable de una crisis en el sistema de salud. La presidenta ya se ha referido al tema en sus mañaneras, mostrando gráficas y asegurando que se sigue trabajando, pero llevamos poco más de ocho años de gobiernos de Morena y las carencias siguen ahí.
Eso sí, los youtuberos del régimen le entraron a su nado sincronizado para hacer sesudas investigaciones periodísticas y afirmar que no eran médicos ni enfermeras, sino infiltrados, acarreados y opositores. Es obvio que otros grupos pueden aprovechar la oportunidad, pero eso no borra las inconformidades ni lo que sucede en clínicas, hospitales y hasta en oficinas administrativas.
Seamos claros: hay una campaña de desprestigio para bajarle intensidad a la información. De nuevo, los mismos youtuberos que antes daban cuenta de las protestas hoy se dedican a descalificarlas. La pregunta es: ¿por qué ahora quienes salen a las calles son señalados como opositores o manipulados? ¿Acaso las carencias desaparecen por decreto?
La protesta social tampoco significa que todos los manifestantes tengan razón en cada una de sus exigencias. Significa que hay inconformidades que deben escucharse y atenderse. Despacharlas como parte de una estrategia opositora es una forma cómoda de evadir responsabilidades, pero también una señal de soberbia en la que llevan años instalados y cuyo despertar puede resultar muy complicado.
El problema para el régimen es que la realidad no tiene un departamento de comunicación social al que se pueda recurrir para mandar youtuberos. No obedece instrucciones, no sigue líneas editoriales y no se somete a los aplausos de los incondicionales. Cuando las carencias se acumulan y las respuestas no llegan, el malestar termina por hacerse visible, como ocurrió durante los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y López Obrador. Ahora es el turno de Sheinbaum.
Las cosas no están mal, pero todos los días aparecen videos en las redes sociales que muestran las carencias de infraestructura y la falta de medicamentos. No estamos mal, pero Zoé Robledo habla de una consulta para escuchar las inconformidades de los usuarios y del personal del sector: un diagnóstico tardío. No estamos mal, pero se activa el aparato de propaganda para el control de daños.
Vaya infamia aquella de declarar que estábamos mejor que Dinamarca… Pero mejor ahí la dejamos.
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