Era infantil sentirse decepcionado,

pero la infantilidad es algo tan natural

para un hombre como para un niño.

Isaac Asimov

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Nada frena la violencia que se vive en el país ante la mirada expectante, complaciente y cómplice de la administración de Andrés Manuel López Obrador, el mandatario que se dice ser el más humanista, el que está encerrado a piedra y lodo en Palacio Nacional desde donde mira con desdén a quienes lo critican, descalifica muy ligerito y que a estas alturas del sexenio ya no será el presidente de todos los mexicanos, sino de los casi 31 millones de votantes que le dimos el beneficio de la duda, aunque ahora solo le quedan algo así como 15 millones de los 127 que habitan el país.

La tarde del lunes 9 de mayo a las cinco de la tarde, estaba marcada en la agenda de varios de los reporteros el mitin contra el asesinato de Luis Enrique Ramírez Ramos, periodista que fue encontrado sin vida el 5 de este mes a las afueras de la ciudad de Culiacán, uno más que se agrega a la fatídica lista que se ha ido engrosando dramáticamente en este años, en pleno ejercicio de la Cuarta Transformación que prometió que generaría las condiciones necesarias para el libre ejercicio periodístico, no lo cumplió, solo existe una narrativa de que estos no son iguales a los del pasado reciente, pero los números los desmienten con facilidad.

Un par de horas antes de llegar a la Columna de la Independencia, de nueva cuenta la pinche impotencia se apoderó del gremio, dos colegas veracruzanas fueron ultimadas en su vehículo mientras lo abordaban luego de hacer sus compras, perdieron la vida la directora del semanario “El Veraz”, Yesenia Mollinedo y su camarógrafa Johana García, sus nombres se inscriben a la lista de los 11 compañeros y compañeras que han dejado de existir por las manos de criminales.

Este sexenio ya pasó a la historia por ser el más violento contra los comunicadores, no solamente son esos 11, hay secuestrados, desaparecidos y desplazados, hay familias rotas con viudas, madres y padres que se hacen cargo de los nietos, los huérfanos a los que las condolencias en un machote de Twitter como las de Jesús Ramírez Cuevas que no les va a devolver a sus seres queridos.

Digámoslo de una vez, no es que López Obrador o los gobernadores jalen el gatillo de un arma, sino que la violencia se tolera desde Palacio Nacional, y desde ahí se invita con el veneno que destila todos los días López Obrador, ahí están las horas y horas dedicadas al ataque de los reporteros, ahí quedan los cientos y cientos de insultos, pero cuando es cuestionado si su discurso es estigmatizante el presidente recula, se escuda en un falso derecho de réplica y es cuento de nunca terminar porque esa actitud se toma como estrategia de los gobernadores, alcaldes, legisladores y hasta líderes de partidos.

Aquí he dicho que Alejandro Encinas es una buena persona, un tipo honesto, pero sus resultados son ínfimos, no importa que dé la cara o reciba comisiones en la Segob para tomar cafecito y escuchar, sus acciones resultan menores porque no hay resultados. Inclusive le han presentado las pruebas de que el Mecanismo de Protección para Periodistas fue asignado a una empresa de Genaro García Luna y que sus cercanos siguen operando. Por eso la petición de renuncia de Enrique Irazoque Palazuelos.

Aunque AMLO destine un bloque de su mañanera para dar a conocer cómo van los casos en investigaciones, o que instruya a Rosa Icela, por cierto, periodista que no tiene la formación para ocupar el cargo, lo mejor que tienen son la sumisión ante su patrón, pero eso no sirve para lograr objetivos.

En los discursos pronunciados al pie del Ángel de la Independencia, afirman que en la conferencia matutina hay acoso, castigo para quien incomode y varios no llegan ni a las vallas que rodean la calle de Moneda. Ahí se presentó Lourdes Maldonado, le dijo a López que temía por su vida y señaló de donde venían las amenazas, hicieron oídos sordos y hoy está muestra como otros once en este año… Pero mejor ahí lo dejamos.     

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Hasta la próxima.