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No hay plegarias para los descabezados

Luis Mena Pantoja

No hay plegarias para los descabezados (2025) es un poemario breve, editado por el Fondo de Cultura Económica, en el que Verónica Ortiz Lawrenz aborda el dolor físico y espiritual con una escritura cruda y potente.

Surgido de una experiencia extrema -una fractura cervical múltiple-, el texto se convierte en un ritual de supervivencia poética, con la palabra como bálsamo y resistencia ante la tragedia.

Los fragmentos poéticos son dolorosos, ya que la poetisa escribe desde la fisura íntima: “soy tantas cosas rotas”, “me despido de mí, de la que ya no seré”. Con movimientos precisos y metáforas urgentes, transforma la fragilidad en lenguaje, la ausencia en presencia simbólica, en una búsqueda de consuelo y dignidad.

El contenido del libro también explora la memoria como territorio compartido del dolor. Hay poemas que funcionan como duelos ecoicos, cuyas voces inciden en los olvidados, en esos descabezados que la sociedad intenta borrar. Estos textos manifiestan un compromiso ético: nombrar lo que ha sido silenciado y ejercer el poema como arma contra el olvido.

Durante la presentación del libro, celebrada el pasado 14 de agosto en el Centro Cultural del Fondo de Cultura Económica, acompañaron a la autora el escritor Eduardo Casar y la editora Julia Santibáñez.

Casar reflexionó sobre la capacidad del dolor para reconfigurar la poética del cuerpo: “Ortiz escribe desde el hueso”, dijo, al subrayar cómo el poemario descompone lo humano para reconstruir una identidad frágil pero lúcida. Mientras que Santibáñez destacó el valor de la voz testimonial en la poesía contemporánea, señalando que este libro opera como un puente entre la vivencia extrema y la escritura ética, “una poesía que no busca belleza sino verdad”.

En términos filosóficos, el dolor se comprende como una experiencia límite, que permite la apertura hacia nuevos sentidos. Para Nietzsche al igual que para Kierkegaard, el sufrimiento es camino de transformación.

En este texto la escritora rescata estas vertientes, con un sufrimiento personal que dialoga con lo universal, y una poesía que se convierte en comunidad de los vulnerables.

Además, reconsidera el agujero emocional como posibilidad de ensamblaje simbólico. La vulnerabilidad compartida, como propone Judith Butler, es la base de una solidaridad estética y política. Este poemario no lamenta o recrimina, ocupa el dolor como fuente vital de reconstrucción poética e histórica.

Verónica Ortiz Lawrenz, nacida en la Ciudad de México en 1950, es escritora, periodista, ensayista y editora. Fue fundadora de la revista Emeequis y de la emisora cultural en línea Código DF. Ha sido reconocida con el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Coatlicue por su novela SobrevivientesNo hay plegarias para los descabezados surge de su experiencia colectiva del dolor como un ejercicio de empatía poética y sanación.–