Enrico A. Ruiz

El giro subtropical del Pacífico norte es el hogar de una masa difusa de basura comúnmente conocida como la «Gran Mancha de Basura del Pacífico». Aunque se extiende por 1,600,000 km2 de mar abierto, se estima que la mancha contiene 79,000 toneladas métricas de desechos plásticos. Por diversas razones, esto representa un desastre ambiental. Adicionalmente, los científicos están comenzando a darse cuenta de que una gran cantidad de especies costeras, generalmente extrañas al océano abierto, están comenzando a colonizar este nuevo hábitat de plástico. Ahora, se ha observado que se está produciendo un cambio en la composición de las especies de invertebrados oceánicos, con el surgimiento de una creciente diversidad de especies costeras que pueden ocupar estas “balsas” de plástico. Incluidas en estas comunidades se encuentran especies de anémonas, hidrozoos y anfípodos. Estas nuevas comunidades son neopelágicas, es decir, nuevos organismos de mar abierto (en oposición a las comunidades costeras).

Históricamente, las especies de invertebrados oceánicos eran en gran parte pequeños organismos que se adhieren a la parte superior o inferior de la película de la superficie del océano. También residen en troncos flotantes, algas y otros animales marinos. La llegada de estos nuevos organismos costeros tiene el potencial de alterar un ecosistema que de por sí es delicado y es pobre en recursos. Las especies costeras compiten directamente con estas especies oceánicas. Están compitiendo por espacio y recursos, y las interacciones resultantes están pobremente entendidas. Desde hace un tiempo, los científicos han comprendido el papel de las ‘balsas’ (semillas, árboles, algas, piedra pómez) en la dispersión de especies costeras y continentales a través de grandes distancias oceánicas. Incluso se cree que este proceso es responsable de la colonización de las iguanas marinas (Amblyrhynchus cristatus) en las islas Galápagos, cuyos antepasados originalmente provenían de América del Sur. Pero este proceso de dispersión por medio de “balsas” es altamente transitorio, debido a la naturaleza biodegradable de tales objetos. Sin embargo, con la introducción humana a gran escala de plásticos en el medio ambiente, las balsas de plástico brindan una oportunidad permanente para que las especies costeras transiten por las cuencas oceánicas y un hogar a largo plazo para colonizar en el océano abierto.

La introducción de estas nuevas especies costeras en el océano abierto representa un cambio de paradigma en la comprensión de la biogeografía marina. Las vastas extensiones de agua abierta han sido durante mucho tiempo una barrera física y biológica para la dispersión de especies, con la excepción de eventos climáticos esporádicos que desencadenan la creación de más oportunidades de transporte por “balsas”. Esta situación ya no parece ser el caso, ya que ahora existe un hábitat adecuado en el océano abierto y los organismos costeros pueden sobrevivir en el mar durante años y hasta reproducirse, lo que lleva a la formación de comunidades costeras autosuficientes en alta mar. La existencia de estas comunidades marinas costeras autosostenibles en el océano abierto podría proporcionar a estas especies, y a otras especies marinas, un entorno de “trampolín” antes de propagarse a nuevos hábitats costeros. Esto es particularmente preocupante, ya que una gran cantidad de nuevos entornos pueden volverse susceptibles a las especies invasoras. Además de centros urbanos costeros, esa oportunidad se extiende a áreas más remotas, como parques nacionales y áreas marinas protegidas.

Por lo tanto, la pregunta ahora es ¿cuál es la extensión de la biodiversidad de las especies costeras que persisten en el mar y con qué frecuencia las especies costeras coexisten con las especies netamente marinas en balsas de plástico? Es necesario saber hasta qué punto las comunidades neopelágicas se autosustentan o requieren un aporte continuo de balsas, propágulos y flujo de genes desde las costas. También es importante comprender la gran cantidad de factores abióticos que probablemente afectarán el éxito de las comunidades costeras en mar abierto. Por ejemplo, ¿en qué se diferencia una boya que se desprende de una instalación de acuicultura que ya alberga numerosas especies costeras de una botella de plástico que se puede haber perdido por la borda de un barco pesquero?

Una cosa es segura. A medida que aumenta la demanda humana y la producción de plástico (según las tendencias actuales, los científicos estiman que los desechos plásticos globales acumulados podrían alcanzar más de 25 mil millones de toneladas métricas para 2050), se seguirán presentando muchas oportunidades para que las especies costeras emprendan el viaje mar adentro.