Enrique Escobedo
La expresión “mucho ruido y pocas nueces” alude a que alguien despliega grandes expectativas acerca de una agradable sorpresa o un gran descubrimiento o de una obra trascendental y termina por ser algo decepcionante, pequeño, mínimo y sin haber despertado el asombro. Por cierto, la expresión es más antigua que la obra shakesperiana del mismo nombre.
El punto es que la oficina de prensa de la presidencia de la República hizo muy bien su trabajo al anunciar con bombo y platillo el primer informe de la presidenta Sheinbaum. Los avances por radio y televisión fueron deslumbrantes, el bombardeo fue sostenido e implacable, los mensajes eran contundentes y por lo mismo despertaron grandes expectativas. Realmente proyectaron un despliegue de éxitos y la antesala al primer mundo. Pero, a reserva de leer el documento entregado al Congreso de la Unión, lo que aconteció esa mañana del primer día de septiembre fue una gran desilusión. La lectura del documento fue una yuxtaposición de pequeños logros ante un mediocre crecimiento económico, una política interior desalineada, una política exterior fragmentada y supuestamente apegada a los principios constitucionales, una política de seguridad pública incipiente y, en efecto, sus mejores batallas las libró en el campo de la política social. Pero exageradamente proclive al subsidio y a las cifras de un menor número de pobres en el país, pero sin pormenorizaciones acerca del tipo de carencias y alejada de las categorías de pobreza extrema, rural y urbana.
Después del informe en el cual no hubo mensaje. No más allá de que está construyendo un segundo piso, que más bien parece dúplex, no hubo alguna novedad. Con la llegada a la silla del águila de Claudia Sheinbaum, pero sin el poder presidencial, ella la ha vendido a la gente que “llegaron todas” aludiendo a que por fin las mujeres abrieron los espacios de oportunidades y que la equidad de género, con ella al frente, es una realidad. La señora presidenta está muy orgullosa de sus logros y considera que ella personifica la lucha y el esfuerzo de millones de mujeres que han luchado por su dignidad.
Que quede claro, esa lucha de las mujeres es a todas luces justa, digna, libertaria y deseable. Esa lucha es noble y honra a millones de ellas. Por eso no comparto la tesis de que Claudia Sheinbaum se considere la personificación del movimiento. Sobre todo, porque omitió en su informe a la nación el tema de las madres buscadoras de sus hijos.
Los atributos negativos de un político son el oportunismo, la mentira, es un ser convenenciero, un poco fanfarrón, seductor, hipócrita, capaz de dejar de lado los escrúpulos y manipulador. Los positivos son, entre otros, su capacidad de trabajo, su intención de mejorar la calidad de vida de la sociedad, promotor de la justicia social, el fomento de los valores patrios, trabajar para la nación sin distinciones partidistas. Por lo anterior, es claro que la presidenta es una política en toda la extensión de la palabra y cacareó su informe.
Las expectativas del informe fueron muchas, pero a la hora de su lectura concluyo que fue mucho ruido y pocas nueces.













