María Izquierdo ya tenía al menos 15 años de trayectoria artística y se había convertido en la primera mujer mexicana que tuvo una exposición individual en el extranjero, en el Arts Center Gallery de Nueva York, en el año de 1930, cuando Javier Rojo Gómez le encargó realizar un mural de casi 200 metros cuadrados en el Palacio del Ayuntamiento de la Ciudad de México; sin embargo antes de que pudiera comenzar a plasmar el primer trazo, el encargo le fue cancelado por el propio Rojo Gómez, quien era jefe del Departamento del Distrito Federal.

“Era 1945, ella procedió a comprar el material, ya tenía los bocetos aprobados, ya tenía absolutamente todo listo, aunque no había pintado ni una sola línea cuando le dicen que finalmente no se va a poder hacer ahí su mural, pero que le ofrecen un espacio en una escuela o un mercado local, que eran generalmente los espacios en los que a las mujeres muralistas les permitían pintar”, cuenta Sylvia Márquez, responsable de actividades culturales de SURA Asset Management México.

La investigadora y curadora relata que lo que se sabe es que Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, dos de los tres grandes muralistas mexicanos, hablaron con Javier Rojo Gómez y le dijeron qué no consideraban que María Izquierdo tuviera la capacidad para pintar este mural monumental que era de 200 m2 aproximadamente, “era enorme, de haber sido realizada esta obra hubiera sido el primer mural monumental hecho en un edificio de tal envergadura por una mujer”.

Pero no ocurrió así, Javier Rojo Gómez les hizo caso a los muralistas de echar para atrás el encargo y le canceló la obra a la pintora mexicana María Izquierdo, quien obviamente no se quedó de brazos cruzados e hizo todo un escándalo en la prensa, al grado que Diego Rivera incluso la acusó de difamación.

“Fue una cosa verdaderamente desagradable para ella porque además lapidó toda su carrera como muralista, ella ya tenía una trayectoria importante con pintura de caballete, ella fue la primera mujer mexicana en exhibir en el extranjero, pero no fue suficiente para que Javier Rojo Gómez decidiera que sin importar las opiniones de Rivera y de Siqueiros ella iba a pintar el mural”, cuenta Márquez.