Por Rubén D. Arvizu
La historia registra tiranos que persiguieron a la Iglesia, encarcelaron obispos y cerraron templos. Pero ni Adolf Hitler ni Benito Mussolini —con todo el peso de sus regímenes totalitarios— se atrevieron jamás a atacar públicamente al Papa con el lenguaje vulgar y despectivo que Donald Trump acaba de usar contra el Papa León XIV.
Hitler firmó un Concordato con el Vaticano en 1933. Mussolini negoció los Tratados de Letrán en 1929. Trump, en cambio, demostrando una vez más su ineptitud política, está diciendo barbaridades.
En un tweet puesto a horas de la madrugada en su res social, Trump llamó al Papa “débil con el crimen” “terrible para la política exterior” “¡Leo debe ponerse las pilas!” Lo acusa de ceder a la izquierda radical porque se opone a la guerra con Irán pidiendo pide paz y diálogo.
Pero lo que vino después superó cualquier límite conocido. Horas más tarde, el ocupante de la Casa Blanca publicó una imagen creada por inteligencia artificial en la que aparece vestido con túnica blanca y roja, como una figura de Mesías. Con una mano extendida y luminosa, impone su palma sobre la frente de un enfermo postrado en una cama de hospital, mientras una irradiante luz dorada lo envuelve todo. A su alrededor, águilas. banderas estadounidenses ondeando, aviones supersónicos cruzando el cielo, la estatua de la Libertad y rostros de sus seguidores en completa adoración.
Cuando esto generó una ola de críticas —incluso entre muchos de sus propios seguidores—, Trump la justificó diciendo que él había puesto “la imagen de un doctor” porque “él es el mejor doctor, un doctor de la Cruz Roja”, y que las noticias falsas son las que están diciendo lo contrario. También afirmó que “gracias a él, León fue elegido Papa” y que “si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”.
La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, declaró públicamente: “Atacar al Papa de esta forma es inaceptable y peligroso. El Papa no es un político; es el Vicario de Cristo.”
La excongresista republicana Marjorie Taylor Greene, quien fue una de las más grandes seguidoras y aliadas de Trump, y que había renunciado a su cargo por no poder seguir sosteniendo las políticas del presidente, condenó lo dicho contra el Pontífice y la absurda imagen como “una blasfemia” y “un espíritu anticristo”.
Un hombre que amenaza con destruir civilizaciones enteras, que es enemigo de proteger el medio ambiente, que aprueba perforaciones petroleras en el Golfo de México y que en Domingo de Pascua denigra al Papa para luego presentarse como salvador, nos muestra una vez más su verdadero estado mental, descrito por médicos e investigadores en numerosos artículos y libros.
La lección que acaba de dar Hungría en su rescate de la democracia debe reflejarse en las elecciones de noviembre en Estados Unidos.
Ha llegado el ¡hasta aquí! El juicio político se perfila en el horizonte.
Rubén D. Arvizu
Escritor y ambientalista














