Alfonso Morales Ibáñez
Catedrático, conferencista e investigador universitario
La responsabilidad social corporativa dejó de ser parte más o menos visible de un manifiesto para convertirse en una prioridad en las empresas de todos los sectores económicos.
En este momento, son ocho las prioridades que exige la verdadera responsabilidad.
La primera es el crecimiento inclusivo. Pasamos de la maximización de los beneficios de los accionistas a corto plazo a un verdadero interés a largo plazo por todas las partes interesadas. Se trata de la columna vertebral de la confianza, el alinear los intereses empresariales para que satisfagan las expectativas de todos sus públicos: empleados, clientes, proveedores…
El segundo tema esencial es lograr el cero neto. Es decir, las emisiones que se produzcan se equilibrarán al absorber por otro lado su cantidad equivalente. Esto implica inversión en innovación y la fiscalidad del carbono. Es generar un fuerte trabajo para combatir el cambio climático.
Una asignatura crucial es generar oportunidades para la igualdad. Justo ahora, en que podría tomar más de una década para que miles de millones de los más pobres del mundo se recuperen del golpe económico de la pandemia.
El sector privado tiene un importante rol que desempeñar para permitir que las personas vivan con dignidad.
En pos de la responsabilidad corporativa, por otra parte, no puede soslayarse la regulación y responsabilidad digital. Debemos trabajar por la democracia y, al mismo tiempo, defender las instituciones contra los discursos de odio, desinformación, noticias falsas e incitación a la violencia. Los valores que apreciamos en el mundo offline también deben respetarse en línea.
Un punto de acuerdo respecto a generar responsabilidad está en crear colaboración y economía circular. Los mercados abiertos y las cadenas de suministro son cruciales para el éxito mundial. Así,
la recuperación de la actual recesión mundial debe verse como una oportunidad para crear sinergias. La colaboración es crítica y tenemos cosas que hacer sin precedentes. Un punto esencial es el multilateralismo que implica establecer normas comunes con respecto a las condiciones de trabajo y medio ambiente.
Asimismo, en la agenda de la responsabilidad social corporativa debe considerarse el avance decisivo de la tecnología en las organizaciones. La inteligencia artificial (IA), por ejemplo, permitirá que las empresas sean 40% más eficientes en 2035. Debemos crear una sociedad habilitada para la inteligencia artificial para crear una igualdad genuina.
Cerramos las materias cruciales de la responsabilidad empresarial con la paridad de género como centro de la recuperación.
No podemos asegurar que cumplimos socialmente si no aportamos nada a la equidad de género en el trabajo y a la igualdad de oportunidades laborales y aprendizaje de competencias digitales, además de políticas firmes de flexibilidad laboral y apoyo de servicios diversos como guarderías para las madres trabajadoras, por ejemplo.
Si le asignamos un solo nombre ala responsabilidad social corporativa, la empatía juega ahora un relevante rol en el que las oportunidades para todos deja de ser discurso para convertirse en realidad cotidiana. La responsabilidad es una apuesta decidida e inaplazable para generar entornos más prósperos para todos.










