Martín Takagui 

«Las mañaneras» son y serán objeto de polémica, nos sirven para llevar un récord del desastre que ha significado este sexenio, pues al ser un registro vídeo grabado, nadie podría decir que «así no fueron las cosas». Las mañaneras hoy son un medio, rupestre, pero medio al fin de propaganda, y que en algún momento se convertirán en los elementos para cualquier intención de juicios y demandas… el peso de los dichos y sus protagonistas quedan esculpidos en roca.  

Proponer quitar la mañanera no solo contradice el mismo espíritu que se reclama sobre la libertad de expresión para los demás, que se haya convertido en un burdel es otra cosa, pero de ello se encargarán los que en un futuro decidan acudir a los tribunales nacionales o internacionales y ahí se libraran los juicios. 

La mañanera y su tropical locutor nos han revelado algo mucho más escalofriante, que existe penosamente un auditorio que lo consume, un graderío que abre la boca y permite la entrada del producto chatarra en cuestión, leyes de consumo, si se da basura y existe quien la compre, no es culpa del ofertante, sino del marchante que cree que eso está bien, que así se debe vivir. 

Detrás de la carpa se esconden las raíces del México inculto, indolente, rencoroso y con niveles adictivos al autoengaño… y no busco ofender a alguien, solo que la existencia de una figura de «comunicación» así, sería impensable en cualquier nación con mejores niveles educativos… no me imagino a Justin Trudeau mintiéndole a los canadienses en su carota, o Biden poniendo música de chico che en una rueda de prensa en la Casa Blanca…  

¿Se imagina a Luis Ignacio Lula da Silva dando datos falsos sobre la violencia en las favelas o amenazando a la prensa de Brasil? Inmediatamente lo aventarían desde el cristo del Corcovado. 

En México se ha permitido esto porque llevamos profundas raíces de una deformación intelectual, de corto alcance y alejadas de esa vitamina llamada conciencia política… nada de que el pueblo es bueno y sabio, es manso y conformista, torpe y derrotista, adormecido por décadas en una suerte de parálisis del racionamiento… el mayor debate que se haya visto se da en los resultados del fútbol, ¡No fue penal! Gritábamos no hace mucho. 

Ahora bien, las mañaneras, al ser un producto hecho a la medida de ese «pueblo bueno» ha encontrado cancha libre para su permanencia, más mal que bien, el presidente dice lo que su maquinaria cerebral le permite, pero ¿Qué sucede con la oposición que no alcanza a articular un antídoto para ello? 

La oposición es «chamaqueada» por López Obrador, atada en sus propias fallas e incapaz de reinventar sus propios mensajes, a lo mucho, la oposición araña con ocurrencias y chistes malos a su enemigo. 

Fíjese, la mejor respuesta a las mañaneras se da con periodistas realmente valientes, mismos que se han encargado de encuerar al rey de Palacio, es por ello que a Andrés Manuel le duele tanto la prensa, pues es la que con datos duros y revelaciones le hacen estrellar su discurso en el muro de la realidad… pero la comunicación de los partidos de oposición, brillando por su ausencia. 

Y peor aún, no se ve por ningún lado que alguien de las dirigencias priista, panista, perredista o naranja, tenga una bendita idea de qué hacer con el mensaje… ¿O sí? Desmiéntanme.