Fernando Moctezuma Ojeda – @FerMoctezumaO
Como seguramente usted ya sabrá, querido lector, esta semana se viralizó a través de redes sociales y diversos medios de comunicación la imagen que –si el editor me lo permite– acompaña a este texto: “Un verdadero hombre nunca habla mal de López Obrador”, reza la hoy icónica camiseta, que además se acompaña de la representación de la Santa Muerte.
Lo que comenzó como un meme entre ‘la chaviza’, es decir las y los más jovencitos con acceso a internet, alcanzó a llegar incluso a la Conferencia Matutina del presidente, quien aseguró que este tema «tiene que ver con la libertad, incluso religiosa. Habla de la muerte, pero es la Santa Muerte, no nos metamos en eso, ya tiene tiempo que se resolvió ese asunto en México (…) se llama libertad religiosa. Debemos ser respetuosos de creyentes y de no creyentes, y eso es el Estado laico”, afirmó el mandatario el martes pasado.
Sin embargo, para comprender el fondo de este mensaje, más allá de quién o quienes hayan sido sus autores, debemos diseccionar el mensaje en dos partes. Primero habría que definir qué es “un verdadero hombre”, y en segundo lugar, qué significa “hablar mal” de cualquier persona.
Debemos comenzar por entender que el concepto de un «verdadero hombre» es bastante subjetivo y varía según la cultura, la sociedad y el contexto. Históricamente, en muchas culturas, se han asociado ciertas características con la masculinidad, como la valentía, la fortaleza física, la capacidad de proveer y proteger a la familia, entre otros atributos. No obstante, es importante reconocer que estos conceptos están en constante evolución y que las percepciones sobre lo que significa ser un «verdadero hombre» pueden variar ampliamente.
Debemos reconocer que en la actualidad, muchos movimientos sociales y de género cuestionan estos estereotipos tradicionales de masculinidad, promoviendo una visión más amplia y diversa de lo que significa ‘ser hombre’, y enfatizan la importancia de valores como la tolerancia, la empatía, la sensibilidad, el respeto hacia los demás y la capacidad de expresar emociones como componentes igualmente válidos de la masculinidad.
La definición del ser “un verdadero hombre” cambiará dependiendo de a quién, cómo, cuándo, dónde y en qué contexto se le pregunte, pero definitivamente, en ningún momento tendrá que ver con la opinión política que cada uno pueda tener del presidente mexicano.
Por otro lado, tenemos que comprender lo que significa “hablar mal” de alguien. Dado que esto es igualmente subjetivo, deberíamos comenzar por entender que el hecho de ‘hablar mal’ de alguien, por norma general, se refiere a hacer comentarios negativos, críticas o difamaciones sobre esa persona. Esto suele implicar hablar de manera despectiva, insultante o perjudicial sobre alguien, ya sea en público o en privado.
De acuerdo con algunas definiciones académicas, el “hablar mal” de alguien puede incluir actos como difundir rumores o chismes que dañen la reputación de la persona, criticar su apariencia física, personalidad o comportamiento, desacreditar sus logros o capacidades y revelar información privada o confidencial con la intención de perjudicarla.
“Este tipo de conducta no solo llega a causar daño emocional a la persona de la que se habla mal, –afirman– sino que también puede afectar sus relaciones personales, su reputación y su bienestar psicológico”.
Sin embargo, el “hablar mal” de alguien, particularmente del presidente, no significa en ningún momento apuntar sus deficiencias o fracasos. Por supuesto que esto tenemos que hacerlo siempre desde el respeto y con un enfoque constructivo; pero el pretender que, por ser un “verdadero hombre” no se señalará lo que haga el mandatario o cualquier otro actor político, para no “hablar mal” de él, o ellos, es caer en una de las falacias más ridículas que he podido ver, desde que me dedico a la labor del periodismo.
Las implicaciones que tiene el hecho de que esta misma imagen haya sido compartida por la cuenta oficial del partido Morena en sus redes sociales, eso ya será tema de otro encuentro en estos Laberintos Políticos.















