La humildad es el mayor tesoro que puede tener un artista: José Piris

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  • El actor español, quien fuera alumno del maestro Marcel Marceau, participó en el Primer Festival Internacional de Mimo Juan Gabriel Moreno  

Juan Carlos Aguilar

Tras 11 días de espectáculos y talleres que se presentaron en diferentes recintos culturales de la Ciudad de México, concluyó la noche de ayer el Primer Festival Internacional de Mimo Juan Gabriel Moreno, creado y dirigido por el artista y gestor cultural Humberto Ibarra con el propósito de promover, difundir y revalorar este arte en nuestro país.

El festival tuvo un cierre especial, con la actuación del reconocido artista español José Piris (1971), quien presentó su espectáculo Más allá de las palabras en el recientemente renovado teatro María Tereza Montoya (Eje Central 912), en la alcaldía Benito Juárez.

En contra de lo que dice el dicho, Piris sí es profeta en su tierra: es una referencia obligada en el arte del mimo en España y reconocido por ser uno de los alumnos más destacados del maestro Marcel Marceau (1923-2007), quien ha sido una influencia determinante para él no sólo arriba del escenario, sino también como formador de nuevas generaciones en el arte del mimo y en otras disciplinas hermanas como el teatro gestual, el físico y el clown.

El espectáculo de Piris con el que cerró el festival es el mejor ejemplo de cómo es que el arte del mimo ha evolucionado en los últimos 50 años, dejando ya sólo como referencia histórica a aquellos mimos cara blanca, “muy marceaunianos”, que sólo utilizaban la cara y las manos, y que desarrollaban actos de mucha destreza, sí, pero poco profundos.

En su caso, prefiere narrar historias más complejas, utilizando todo el cuerpo, e incluso haciéndose acompañar de músicos arriba del escenario. “Utilizo todo el cuerpo, la tridimensionalidad espacial. También trabajo las emociones en escena, que nos lleva a hacer una catarsis física”, explica Piris en entrevista.  

Humberto Ibarra y José Piris, durante la clausura del festival.

-El arte del mimo ha evolucionado mucho, pero por un tiempo todos emulaban al maestro Marcel Marceau…

-Mi maestro Marceau era el primero que se enfadaba con esto. Se molestaba muchísimo con aquellos imitadores de su caracterización, de esta cara blanca. Se preguntaba siempre: “¿Por qué no buscan su estilo?”. Él se maquilló de blanco como homenaje a Chaplin y a los grandes mimos del siglo XIX.

Lo que sucedió es que mucha gente se quedó con este discurso de la pantomima anecdótica, del virtuosismo, que se hacía en un punto fijo: tirar de una cuerda, hacer un muro. Se quedan en la forma exterior, en una estética de hace más de 50 años, y no tanto en cuáles son las temáticas que se mueven detrás, cuál es el contenido de lo que cuentas, la intensidad dramática con la que estás jugando; para mí esas son mis grandes preocupaciones.

La pantomima que Marceau hizo llegar al público fue la de Bip (su emblemático personaje), el cual era bastante popular; después la combinó con sus números de mimo de estilo, que era mucho más simbólico y abstracto. Fue una manera de hacer llegar al público la parte más compleja del mimo.

Sobre su propio trabajo, el cual ha exhibido con éxito en diferentes países del mundo, como Francia e Italia, y compartido con cientos de alumnos en la última década en su escuela Nouveau Colombier, Piris relata:

“Los números que yo suelo hacer en escena tienen un valor simbólico muy fuerte. Es importante no sólo quedarse en una anécdota. Incluso en la comedia me gusta tener una reflexión metafórica. Tiendo a ser un mimo muy esencial, como el inglés Peter Brook (1925). Hacia esa línea voy.

“Sin embargo, gracias al cine, hay nuevos sistemas de lectura que el público ha ido adquiriendo con el tiempo: los flashback, los cambios de tiempo, el juego de las imágenes. Esto llevado al teatro también funciona muy bien y cada vez se utiliza más. Hoy en día hay compañías de mimo que trabajan con escenografías, con objetos, con música en vivo”.

-¿Cuáles dirías que son las principales enseñanzas que te dejó Marcel Marceau?

– Es complicado, porque son muchas las enseñanzas. Hay frases que recuerdo como: “Menos es más”, “Lo sencillo es difícil”… Aprendí que el cuerpo del mimo es un cuerpo metamórfico: somos capaces de mimetizarnos en el mundo, y por lo tanto es una especie de meditación en donde el mundo pasa a través nuestro, y nosotros vivenciamos la existencia de un universo.

Otra enseñanza es cuando te mides con tu propio cuerpo y te das cuenta de que lo único que tienes es un cuerpo desnudo bajo una luz. Empiezas a entender lo que es la humildad, y la humildad es posiblemente uno de los mayores tesoros que un artista puede tener, porque los artistas enseguida se hinchan como globos, con el ego y con la vanidad. Ser humilde te permite ser profundo, y ser profundo te permite ahondar en el arte.   

Piris estudió y trabajó durante cinco años con el mimo francés.

Hoy resuenan cada vez más las palabras de mi maestro en mí. Lo que él quería decir y yo no entendía, ahora es lo que yo quiero decir y ellos no entienden. Confío en que algún día lo entenderán, tal y como Marceau confiaba en que un día yo lo entendería.

Piris reflexiona un poco, y enumera una enseñanza más: “Un ser humano que no es  bueno, no puede ser un buen artista por muy buena técnica que tenga. Cuando un artista contradice su discurso en la vida cotidiana, es una especie de calumnia. Mi forma de trabajar es muy sincera; hablo en el escenario de lo que yo creo.

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