Por Rubén D. Arvizu

Ante el revuelo negativo causado por las declaraciones prematuras del presidente Trump y sus principales funcionarios de seguridad nacional respecto a la muerte violenta y vil del enfermero Alex Pretti en Minneapolis, Trump ha dicho que deben hacerse revisiones y ciertos cambios.

Esto es más bien una cortina de humo. Una maniobra desesperada y cínica para apagar el fuego que él mismo inició. Trump envía a su Zar de la Frontera, Tom Homan, a “colaborar” con las autoridades de Minneapolis y remueve al comandante de la Patrulla Aduanera y Fronteriza, Greg Bovino, tras su desastrosa actuación al frente de ICE.

Pero continúa culpando a los demócratas del “caos” y defendiendo su política nacional e internacional cada vez más fallida. Es un cambio de tono aparente, pero sin sustancia.

Enfrenta rechazo bipartidista de gobernadores, senadores, representantes y el pueblo estadounidense. Acepta una verdad a medias a pesar de las evidencias de los nuevos videos sobre la muerte de Pretti, cuyo único “delito” fue intentar ayudar a una mujer herida por agentes de ICE.

Trump tendría que admitir que su política mata a inocentes. Que sus agentes ejecutan.

Que su retórica envenena. Y nunca lo hará.
Lo de siempre: distraer, culpar a otros y ganar tiempo. Tal vez porque los archivos de Epstein siguen sin ser publicados en su totalidad, y hay “algo” ahí que podría perjudicarlo gravemente.

Pam Bondi, como fiscal general, fue una de las primeras en culpar públicamente a las víctimas. Inmediatamente después de la muerte de Alex Pretti —y en el caso de Renee Nicole Good— las etiquetó como terroristas y culpables, sin esperar ninguna investigación seria, sin analizar los videos que ya circulaban, sin dar tiempo a la verdad. Fue una declaración política inmediata, alineada con la narrativa oficial que busca convertir a los asesinados en agresores para justificar la brutalidad de ICE.

Ahora, rumores crecientes sugieren que Pam Bondi podría ser retirada de su cargo.

Un dolor de cabeza adicional para Trump es el creciente clamor para cancelar la Copa Mundial de 2026. Esto se debe al rechazo internacional por las políticas migratorias violentas y las redadas de ICE. El ex presidente de la FIFA, Sepp Blatter, ha respaldado llamados al boicot, citando preocupaciones por la violencia federal en las calles y las restricciones de viaje que afectan a aficionados de 75 países.

Miles han cancelado boletos en protesta, con voces urgiendo a sus equipos a no participar, argumentando que un país con “seguridad bajo amenaza de violencia federal” no es apto para el evento.

De toda esta crisis, un nombre ha emergido para la historia: Alex Pretti, quien vivirá para siempre, iluminando el mundo con su bondad, honestidad y amor por sus semejantes. Gracias por tu compasión y amor hacia todos aquellos a quienes has cuidado.