Enrique Escobedo

El tres de julio de 1940 las fuerzas marítimas británicas bombardearon a la flota francesa en Mers-el-Kébir, Argelia, debido a que las intenciones del gobierno colaboracionista de Francia eran entregar a los nazis sus embarcaciones de guerra. El primer ministro inglés, Winston Churchill, tomó la decisión sin avisarle al general Charles de Gaulle quien era el jefe de la resistencia francesa en Inglaterra. Cuando de Gaulle se enteró que en el ataque perdieron la vida 1200 marinos franceses y de la destrucción de parte de la flota se puso furioso y fue a increparle a Churchill su decisión. El flemático inglés supo que hizo lo correcto y después de escuchar la indignación de Charles de Gaulle le dijo “Fue una decisión estratégica y le pido que hoy en la noche, cuando se dirija por la BBC desde Londres a Francia, le diga a su pueblo que fue lo adecuado”.  El futuro presidente francés entendió y así lo hizo. Fue un mensaje difícil de digerir, pero un estadista sabe que esas decisiones son las que los distinguen de los mediocres.

Traigo a colusión ese pasaje de la historia porque la presidenta Claudia Sheinbaum recibió del Comité Contra la Desaparición Forzada de la ONU la alerta de una crisis en México debido a poco más de 130 mil personas desaparecidas debido a la impunidad con la cual operan los grupos del crimen organizado y de la negligencia del Estado mexicano al ser omiso al problema.

La reacción del gobierno mexicano fue de romperse las vestiduras, tirarse al piso y minimizar el problema. Más aun, esgrime que es un informe tendencioso y ha desplegado a todos los intelectuales orgánicos a fin de sostener que la mayoría son personas desaparecidas durante las gestiones de Calderón y de Peña Nieto. También esgrimen que es un informe injerencista y que la ONU no debe meterse contra nuestra soberanía. Total, las respuestas mexicanas morenistas son una bataola cinética que dan pena ajena.

La realidad es que en los casos de la batalla de Mers-el-Kebir y en el de los 130 mil mexicanos desaparecidos, vimos dos tipos de repuestas. La de un futuro jefe de Estado como lo fue Charles de Gaulle y la de Claudia Sheimbaum. Sendas formas de reaccionar fueron diametralmente opuestas. El primero estaba abatido por los marinos muertos en combate, pero respaldó a Churchill y la segunda que en su insensibilidad trata de soslayar el asunto. No cabe duda de que la política tiene múltiples dimensiones.

El general de Gaulle estaba indignado y fúrico por la muerte de los 120 franceses y por falta de confianza de Churchill hacia él. Pero entendió la decisión. Se trataba de un posicionamiento estratégico ya que lo fundamental era derrotar a los países del Eje. Por su parte, Claudia Sheinbaum está indignada y fúrica, pero no por los 130 mil mexicanos desaparecidos, sino porque el mensaje de la ONU pone en evidencia que la política de su mentor “abrazos y no balazos” fue otra soberana estupidez y porque la sociedad civil se impuso sobre Morena.

El galo pasó a la historia como un estadista, el tabasqueño ocupará un capítulo en la historia patria como un negligente y su discípula como una mediocre. De ahí que recordar la batalla de Mers-el-Kebir viene al caso porque fue una exigencia estratégica que coadyuvó a que los aliados ganaran la guerra. En cambio, en nuestro querido México, si la presidenta hubiese reconocido el informe de la ONU estaría en los cuernos de la luna de la legitimidad, pero no. Lo rechazó y con ese acto simplemente lo que demuestra es la pequeñez de nuestros gobernantes.