La Redacción
Hay personajes que se van y con ellos parece irse una parte de nosotros. Se apaga la voz, se cierran los ojos, termina la vida, pero quedan las canciones, esas que tienen la extraña virtud de detener el tiempo y devolvernos, aunque sea por unos minutos, a lo que fuimos.
Juan Gabriel es uno de esos personajes.
Han pasado diez años desde aquel 28 de agosto de 2016 en que Alberto Aguilera Valadez dejó de existir físicamente, pero su voz sigue ahí. Se escucha en las casas, en las calles, en las fiestas, en los conciertos, en la soledad de quien recuerda a alguien y, por supuesto, en la memoria de millones de mexicanos que hicieron de sus canciones parte de su propia historia.
Porque Juan Gabriel no solamente cantó al amor; le puso palabras a lo que muchas veces no sabemos decir. Cantó al abandono, al desamor, a la ausencia, a la alegría, a la esperanza y también a esas heridas que todos llevamos en algún momento de la vida.
A diez años de su partida, recupero una entrevista que tuve oportunidad de hacerle en 2005 para La Familia Cristiana. Entonces tenía 55 años y 34 de carrera artística. Ya era el Divo de Juárez, uno de los grandes de la música popular mexicana, pero detrás de ese personaje encontré al hombre sencillo, agradecido con su público y profundamente ligado a sus recuerdos.
Habló de la familia que no tuvo y de la que decidió construir. De sus hijos, a quienes quería mantener lejos de los reflectores. Habló de la música como una especie de lenguaje universal, de la juventud, de sus primeras canciones y de esa relación casi íntima que mantenía con quienes acudían a escucharlo.
Hay respuestas que el tiempo transforma. Frases que cuando fueron pronunciadas parecían una más dentro de una conversación y que, años después, adquieren otro peso.
Cuando le pregunté por el cariño de la gente, Juan Gabriel me respondió:
“El amor es el arma más poderosa del mundo, nadie puede contra él, esa es la fórmula”.
Quizá esa era su fórmula. Dar amor para recibirlo multiplicado. Subirse al escenario y entregarse por completo a quienes habían hecho sacrificios para estar frente a él. Entender que detrás de cada boleto había una historia, una familia, un esfuerzo, alguien que esperaba escuchar una canción que quizá también era parte de su propia vida.
Y estaba el niño. Ese que comenzó a escribir canciones desde muy pequeño y que encontró en la música una salida a sus problemas, una forma de decir lo que llevaba dentro y, con los años, una manera de encontrarse con millones de personas.
Hoy, diez años después de su muerte, volver a leerlo es también volver a escucharlo.
Porque hay artistas que pasan por la música y hay otros que se quedan a vivir en ella.
Juan Gabriel se quedó.
Esta es aquella conversación, publicada originalmente en diciembre de 2005.
¿Qué es la familia para Juan Gabriel?
La familia es lo más importante para el pueblo mexicano, porque el pueblo mexicano es una gran familia, es la célula madre de nuestra sociedad.
Mi familia es muy especial, es lo más grande, aunque yo nací en una familia separada. Casi no conviví con mis hermanos ni con mi mamá y a mi papá no lo conocí; realmente no tuve una familia… ¡yo la tuve que hacer!
Ahora tengo a mis cuatro hijos y a la mamá de mis hijos, por eso siempre los mantengo al margen de los medios. No quiero que los toque la avalancha de buenas y malas noticias, los chismes de la farándula, porque eso hiere.
Ahora mis hijos son unos jovencitos divinos. Los hijos duran tan poco de niños que hay que disfrutarlos; si mañana ellos quieren salir, pues ya será cosa de ellos.
¿Qué factores tienen que darse para que puedas componer una canción?
Es algo natural que Dios me dio. Compongo desde pequeño, quizás como válvula de escape a los problemas que tenía.
Puedo estar muy contento y escribir algo realmente triste, o puedo estar muy triste y escribir algo muy alegre.
Compongo sentado al piano o con la guitarra; escribo mucho, canto mucho y escucho mucha música. La música es lo más cercano a Dios y a la naturaleza.
La música es una verdad que mueve a la gente; hasta los animales y las plantas reaccionan a ella.
La música es algo maravilloso, divino y espiritual que se junta con lo humano de la letra. Bailar es una manifestación de salud. Canten, bailen, rían, todo eso está bien.
Además, gracias a la música nos hemos conocido. He tenido la suerte de nacer y ser Juan Gabriel, ser un pretexto para que mediante la música la gente se conozca.
¿Cuál fue la primera canción que escribiste y cantaste?
La primera canción que escuché cuando era muy niño y que recuerdo fue una de Don Cuco Sánchez, “Nuestro gran amor”, creo que así se llama; luego, la primera que compuse fue “La muerte del palomo”. Tenía siete años cuando la escribí, estaba en el internado en Ciudad Juárez.
La primera que grabé, en el año de 1971, y comenzó a tocar la radio fue “No tengo dinero”. Han pasado treinta y cuatro años desde entonces.
Tengo muchas canciones, quizás más de mil, pero me gustan las de otros compositores y la música mexicana me encanta. Imagínense, desde 1971 al año 2005 y aquí estoy gracias a la gente.
¿Cómo conservas la humildad?
La gente me recuerda cada momento que soy como ellos: moreno y mexicano. En la vida uno no debe ser desagradecido; ¿cómo serlo?
Si la gente canta mis canciones, compra mis discos, hace filas para que les firme una foto, las abuelitas y mamás me bendicen cada que me encuentran, los jovencitos me conocen, eso no se paga con nada.
Pienso que el bambú, entre más alto, más se inclina.
Juan Gabriel, ¿te das cuenta del cariño que te tiene la gente?
El amor es recíproco. Lo demuestro con mi canto, con mis canciones. Por eso, cuando salgo al escenario, me entrego todo, porque mi gente hizo cosas para visitarme.
Por ejemplo: dejar encargados a los hijos o juntar poco a poco dinero para los boletos, dejar de comprar cosas para acompañarme o convencer al marido; yo, a cambio de todas sus atenciones, les canto mis canciones, les bailo, hago todo lo posible para que la gente se vaya contenta, se merecen todo.
Hago lo que me gusta, por eso uno lo que debe dar es solamente amor. El amor es el arma más poderosa del mundo, nadie puede contra él, esa es la fórmula.
¿Cómo ves a la juventud mexicana?
La juventud es un estado de ánimo que se refleja a diario. Me siento de treinta y cuatro, y tengo treinta y cuatro años… pero cantando.
La juventud haga lo que haga es divina. Veo a jóvenes comprometidos que reclaman un mejor país, pero recuerden que la juventud dura muy poquito; todos debemos levantarnos todos los días con la mejor edad.
Pero eso sí, estoy totalmente en contra del aborto, nunca debemos abortar al niño que todos llevamos dentro. Por eso dice el dicho que si el joven supiera y el viejo pudiera.
Juan Gabriel, ¿qué es Semjase?
Es el nombre de una doncella que visita la Tierra y nos transmite información para que no nos destruyamos.
También es la musa de la música y es el nombre de un albergue para niños que está en Ciudad Juárez; allí estudian, comen, aprenden oficios y, por supuesto, enseñan música.
¿Algo que desees agregar?
Agradezco mucho esta entrevista, les mando un saludo, un abrazo y besos. Cuídense mucho y coman bien, recuerden que uno es lo que come.
Besos, amores.
Entrevista realizada por Arturo Suárez para La Familia Cristiana y publicada originalmente en diciembre de 2005.















