Francisco Rodríguez
En su primera edición de 2021, The Economist apuntaba que muchos gobiernos en Latinoamérica intentaron reducir el impacto económico de la pandemia, con medidas como paquetes de estímulos, pero el presidente de México resalta por “tacaño e indiferente”. Sólo invirtió una parte reducida para enfrentar un desastre cuyo inicio había originado.
Es que, por lo que sabemos, todo va para el cochinito electoral. Un sin sentido que deberá cobrarse caro en las elecciones intermedias. No es posible que un desacato de ese tamaño quede impune. El voto de castigo hará su aparición más temprano que tarde. México registra dos millón y medio de contagiados y 218 mil fallecimientos por coronavirus, de acuerdo a cifras oficiales.
Decía Humprey Bogart en El Halcón Maltés que “el problema con el mundo es que siempre anda tres tragos atrás”. Y eso se confirma aquí, pues los rasputines de Palacio manejan las maletas de dinero como si fuera de ellos. El “caudillo” finge enterarse al último, como dicen que pasa con los maridos engañados.
¿Sabrá el Instituto Nacional de Acceso a la Información cuánto cuesta cada encuesta “patito” de las que halagan los sentidos del que manda? Debe ser muchísimo, pues las empresas demoscopicas han saltado la vara de la pandemia y lo exhiben en las caras rubicundas y satisfechas de sus propietarios.
Mitofsky, por ejemplo, sigue diciendo cada vez que sale a escena que Morena va a arrasar. No se muerde la lengua y tampoco se ve al espejo. A pesar de que la caterva de candidat@s son una bola de cartuchos quemados, atracantes de la población, financiadores de grupos de choque y chairos similares, con obvios nexos con delincuentes, el encuestador calla.
Las elecciones internas de Morena, un zafarrancho
Para apoyar a candidat@s impresentables como Salgado Macedonio e hija, Layda Sansores, Alfonso Durazo, Jaime Loera, David Monreal, Raúl Morón, Indira Vizcaíno, Miguel Angel Navarro, Víctor Castro, Marina del Pilar Ávila, Lorena Cuellar, Celia Maya, Rubén Rocha y Clara Luz Flores, es demasiado jugar en contra de los momios, tan desfavorables.
Las bajas pasiones en el caldo de cultivo, los intereses malsanos de los superdelegados electos, las intromisiones presidenciales, la falta de cohesión y lealtad en torno al partido oficial postulante, lograron hacer de las elecciones internas de Morena un zafarrancho.
Todos juraban por ésta que el de Palacio les había dado su bendición para el cargo. Para las bases electorales, el apapacho presumido por los contendientes, fue similar al beso del diablo.
Ninguno de los candidatos oficiales electos tiene estructura básica, operadores hábiles, representantes en casillas, conocedores de las rutas camineras para la movilización electoral, abogados defensores del voto, ni perrito que les ladre. Están más solos que la una, sólo confiados a que las encuestas patito que hablan de la aceptación del tlatoani se les refleje en su alforja de votos. De algo mueren los ilusos, no crea usted.
Candidat@s a goberndores ante el pelotón de fusilamiento
P’ acabarla de chingar, como se sabe, los candidat@s a gobernadores tienen que cargar con los resultados de los postulados a diputados en los distritos electorales de mayoría relativa, preferentemente. En las elecciones intermedias los dados cuentan a cargo del candidato al mayor puesto, toda vez que no hay sufragio presidencial.
Van a tener que responder hasta por los exiguos resultados que arrojen los candidatos a presidentes municipales, síndicos, regidores y alcaldes, por así algo hiciera falta. El cuadro de fusilamiento completo.
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