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Índice Político / Las cuentas del gran capitán y/o las encuestas patito

Francisco Rodríguez

La cercanía inminente de las elecciones y el miedo que se apodera del inquilino de Palacio Nacional han generado una carpa itinerante de mentiras y cuentas bufas que se está convirtiendo en una mortal epidemia sobre la conciencia política de la población. 

Las encuestas patito y los mimos de la comedia chusca campean por todos lados. Hacen su agosto adelantado creyendo que de esa forma imponen sus criterios sobre la voluntad electoral. En penumbras, se preparan los escuadrones de asalto para reprimir sin rodeos cualquier manifestación contestataria.

El guadañazo se prepara con inocultables fondos teóricos. Toca al Banco de México y a sus consejeros asustados prever un ¡crecimiento inusitado del 6.7% del producto interno bruto para el presente año!, mientras todos los indicadores económicos señalan un decrecimiento del 30% en el mismo rubro, para el presente año y los que sigan.

Sin generar un solo empleo, las mediciones del fastuoso Banco de México, asustado obviamente por el embate contra las auditorías de cientos de especialistas de la materia en la ASF autónoma y reprimida, cantan una victoria fatua, que no tardará en demostrar su engañifa. Sean todos en mala hora, bienvenidos al país de las encuestas patito.

Un gobierno de coyotes no impone respeto en ningún lado

Mientras, sigue saliendo a borbotones la basura y la boñiga de los estudios de la Auditoría Superior de la Federación. No hay un solo líder urbano o rural, un solo periodista comprometido con la realidad, un solo líder de opinión pública que sostenga los datos del hombrecillo de Tepetitán que se empeña en su reelección y en su dictadura de opereta.

Mientras seamos un país con un gobierno de coyotes no impondremos respeto en ningún lado. La investidura presidencial se ha convertido en un trapo desgarrado y sucio que sigue provocando las risas socarronas en la Casa Blanca, en Washington, que no paran. Mendigar vacunas y oficializar en boletines chuscos lo que no se acordó no genera compasión ni solidaridad, sino burla seca.

Ya es de 13 billones de pesos la deuda del sector público

Con palitos y bolitas si se quiere, las cuentas no cuadran. La deuda a proveedores, llamada financiera del sector energético, CFE y Pemex, aumentó a tres billones de pesos, la que sumada a los juicios que seguramente se perderán a manos de los inversionistas extranjeros en energías limpias a quienes se les cambiaron las reglas ilícitamente, hacen un monto de seis billones, o sea el equivalente a todo el presupuesto nacional.

Si a lo anterior se suma la deuda contraída por el sector público, hace un monto escalofriante de trece billones de pesos. Una cantidad inimaginable, que representa el sesenta por ciento de toda la riqueza que pueda generar el país en éste y en varios años.

La contracción del sector privado, amenazado desde las “mañaneras” y a través del aparato del SAT‎, la parálisis de la planta productiva por incertidumbre y desconfianza hacia el gobiernito, predicen un resultado de pronóstico reservado que no puede tapar ninguna encuesta patito.

Este es el país de los cuentos y de las encuestas patito

Desde Palacio Nacional, el “caudillo” amenaza con que el gobierno a su cargo asimilara la deuda del sector energético y asegura que ya tomó una decisión para ello, aunque sin dar detalles. La gente en su juicio se pregunta ¿con qué recursos el gobierno asimilara las deudas del sector Pemex y CFE, si no tiene dinero ni para comprar las dosis mínimas de las vacunas?

Pero este es el país de los cuentos y de las encuestas patito, ésas que han provocado que la población tenga que acostumbrarse a decisiones despóticas y descabelladas. Paro el “caudillo” sigue diciendo que se espera una inyección para Pemex de entre 1 mil 300 y 1 mil 600 millones de dólares, cifras que sólo existen en su cabeza.

Por más beneficios fiscales que el gobiernito dirija a Pemex para solventar su quiebra evidente, no se sabe de dónde van a salir, en un momento en el que nadie está en forma para solventar los gastos y las ocurrencias fiscales, que sólo podrían se realidad en el país de nunca jamás. De ese tamaño es la destrucción del país.