Francisco Rodríguez 

Este 2023 es el primer annus horribilis de los muchos que le esperan a Andrés Manuel López Obrador en el futuro. 

Perdió “el toque”. 

Todo lo que se propone no’más no le cuaja. 

O peor todavía, se le voltea el chirrión por el palito. 

El pobre hombre que llegó a creerse infalible y todopoderoso apenas se está percatando de su falibilidad e impotencia. 

Copado por un equipo de incompetentes que, además, temen decirle que se equivoca, a quienes le da pavor confrontarlo y hasta de uniformados a quienes se les doblan las rodillas si llega regañarlos, AMLO camina solo, sin compañía alguna, hacia las páginas más negras de la historia. 

Y sí. Apenas se está dando cuenta de que la figura del zopilote bordada sobre la deshilachada banda presidencial ya no es aquella colorida del águila de nuestro escudo nacional. 

Todo lo que se propone le sale mal. 

Y no le ayudan ni sus familiares- 

El primero de sus vástagos, convertido en reo de sospecha como blanco de una supuesta investigación de las agencias estadounidenses que combaten el crimen. 

La actual esposa, entrometida en la elaboración de discursos cada vez más beligerantes hacia todo Dios. 

Las “corcholatas” como Juan Pirulero. 

Si acaso Claudia Sheinbaum que no abandona el mimetismo hacia AMLO. Ahora hasta habla pausado. Pero, increíblemente, eso no abona en favor del titular del Ejecutivo, sino todo lo contrario. 

Marcelo Ebrard apostando –y entregando todo– a los vecinos del norte, creyendo que ellos le hablarán al oído a AMLO para que pronuncie a su favor las “palabras mayores”, como las definiera Luis Spota.  

Taimado, porque lo conoce más que ninguno, Adán (Augusto) López nada más lee y ejecuta la partitura de su paisano, amigo, hermano, cómplice, mientras los demás desentonan y a veces ni instrumentos llevan consigo. 

El gabinete presidencial, si fuera orquesta, sonaría a puritito desmadre. 

 Arrió sus banderas 

Hoy la bandera de honestidad valiente está tirada, pisoteada por propios y extraños, por familiares y hasta por “adversarios”. 

Con recursos públicos llenan las huchas y envían recursos al extranjero, al ver que AMLO “ya no las puede”, previendo además “en que vaya a acabar todo esto”. 

La de primero los pobres es otra bandera a media asta. Los hay más que en 2018. No combatió la pobreza. La acrecentó. Repartió dinero público cuando todavía lo había y hoy que ya no hay tendrá que extraer enormes cantidades de numerario de los “cochinitos” –desvío de recursos de la Nación– con los que piensa comprar los votos para las elecciones de este año y, más importante, del próximo 2024. 

De la bandera de mentir ya ni le cuento. Sus “otros datos” ya casi rebasan los 100 mil en sus conferencias y/o matinés de las mañanas. 

AMLO no es lo que decían sus opositores que era. 

AMLO es peor todavía que un peligro para México. 

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