Enrique Escobedo
Una implosión ocurre cuando un sistema social o un objeto físico se rompe o estalla hacia adentro debido a la presión externa. Es lo contario a la explosión que es la expansión de ondas, objetos o situaciones sociales que van hacia afuera. El ejemplo en el mundo de la física más común lo apreciamos cuando sumergimos una pelota pequeña de plástico no muy grueso en el agua y en la medida en que la sumergimos la presión del agua deforma el juguete.
En los sistemas sociales ocurre algo semejante. Las presiones externas a los sistemas cerrados u organizaciones altamente elitistas tienden a caer debido a las presiones de grupos sociales externos. Es común observar el fenómeno en conjuntos endogámicos con afinidades ideológicas que no aceptan otros puntos de vista, no intercambian ideas y caen en el anacronismo de que sólo ellos tienen la verdad. Un claro ejemplo lo observamos en la configuración de la élite soviética de la nomenclatura. La cual se fue cerrando y se aisló de lo que ocurría a su propio país hasta que fue insostenible la situación y colapsó en una implosión. Lo mismo se puede ver con la aristocracia francesa y la dinastía de los reyes luices o con el porfirismo y su círculo cerrado de científicos.
Bien sabemos que la historia nos enseña que no sabemos aprender de ella y ahora Morena es un ejemplo de una posible implosión partidista. Dicho movimiento se estructuró alrededor de su creador y lo integraron viejos priistas y hoy añosos militantes de las izquierdas mexicanas. Poco a poco se incorporaron jóvenes críticos formados en la izquierda marxista y socialdemócratas. Pero esa sangre nueva se ha confrontado con los sesenteros y setenteros que dominan en Morena, con la excepción de los hijos que conforman la élite de ese movimiento. Destacan el hijo del expresidente conocido como Andy o Luisa María Alcalde cuyo padre es el abogado laboralista y asesor de sindicatos y, hasta donde se sabe, amigo cercano del hombre de Macuspana.
Los nombres de quienes conforman el círculo dorado de Morena se fotografiaron el pasado 9 de marzo en la plancha del zócalo capitalino en un mitin en el cual la presidente Sheinbaum informaría de las negociaciones con el mandatario norteamericano en materia de arancelaria. Tal vez faltaron dos o tres más personajes. Pero no muchos más. De ahí que no resulta ocioso preguntarse acerca de la movilidad, ascensión y circulación de quienes integran al movimiento guinda. Sobre todo, porque nadie duda de que el titiritero de Macuspana es quien tiene la última palabra. Basta con observar la integración del gabinete actual o algunos nombramientos de embajadores o el despliegue de cortinas de humo a fin de solapar a personajes como Adán Augusto López o al secretario de educación y exdirigente de ese partido Mario Delgado. Las conclusiones saltan a la vista, la estrategia de la élite de Morena es pertrecharse y desde ahí fortalecer su presencia nacional, ahora con una propuesta de reforma Electoral a todas luces retrógrada y con la clara intención de fortalecerse como partido de Estado. Léase, propone eliminar la representación proporcional de las minorías, derogar la libertad del voto potestativo, asfixiar al federalismo y que el gobierno vuelva a ser el encargado de la organización de las elecciones; entre otras propuestas.
Las señales de la configuración de una nueva nomenclatura son inequívocas, lo cual es una decisión de esa elite. De hecho, los síntomas ya se aprecian en el exterior. La desconfianza intragabinete se vislumbra y los conflictos de poder empiezan a notarse. Es notoria la marginación del canciller en las relaciones con la Unión Americana y el protagonismo del titular de Economía. Otro ejemplo lo vemos con la actuación opaca y gris de la secretaria de Gobernación en asuntos internos de seguridad o el protagonismo de Luisa María Alcalde ante las impericias políticas y desaseos del joven Andy.
Lo que he descrito son hechos históricos y retratado algunos elementos de rupturas dentro de la estructura de poder. Pero eso no significa que veamos próximamente la implosión de Morena. Tal vez la presidente Sheinbaum supere la crisis. El diagnostico lo tiene ella y le corresponde leerlo y, de ser el caso, atenderlo con bisturí, pues los remedios caseros ya parecen ser poco efectivos. Se aproxima el primer informe de gobierno y será una oportunidad de oro que ella no deberá desaprovechar. Su labor es servir como la presidente de México, pero no pude descuidar la potencial implosión de Morena.















