Los humanos tienen los colmillos masculinos más pequeños de todos los antropoides y sin grandes diferencias con los femeninos. Una característica que se produjo al inicio de la evolución humana y pudo estar relacionada con una disminución de la agresividad.

Desde que Darwin centrara su estudio en esta particularidad de nuestra especie, los investigadores han estado preguntándose el cómo y el porqué de esta evolución.

Un equipo con participación del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Burgos, norte de España) estudió esa escasa diferencia en los dientes caninos masculinos y femeninos.

Para ello aplicaron métodos estadísticos que les permitieran estimar y comparar los niveles de dimorfismo sexual (variaciones en tamaño o morfología entre los sexos) de los dientes caninos y analizaron fósiles de Ardipithecus ramidus, de Australopithecus y de simios extintos.

Los resultados sugieren que el débil dimorfismo sexual, es decir, las escasas diferencias entre los colmillos masculinos y femeninos era una característica de los miembros del clado humano ya en el Ardipithecus ramidus, hace unos 4.5 millones de años.