Luis Mena Pantoja
El 9 de agosto de 1945, Yasuaki Yamashita tenía seis años y se encontraba en las afueras de Nagasaki, Japón, cuando una explosión transformó para siempre su vida y la de miles de personas. Más de ocho décadas después, su experiencia continúa siendo una advertencia sobre las consecuencias de las armas nucleares.
En “Hibakusha. Testimonio de Yasuaki Yamashita”, el historiador Sergio Hernández recupera esta historia en un libro publicado por el Fondo de Cultura Económica que convierte la memoria de un sobreviviente en un llamado contra la repetición de la tragedia.
Publicado originalmente en 2021 dentro de la colección “Vientos del Pueblo”, este texto tiene apenas 31 páginas e incluye ilustraciones de Edu Molina. Su brevedad contrasta con la dimensión de la experiencia que contiene: el testimonio de un niño que sobrevivió a la bomba atómica lanzada sobre Nagasaki y que posteriormente tuvo que enfrentar las secuelas físicas, emocionales y sociales de aquella tragedia.
Hernández no presenta el episodio únicamente como un acontecimiento militar ocurrido al final de la Segunda Guerra Mundial. Se centra en la vida de quienes fueron afectados por la explosión y las consecuencias que sufrieron durante décadas.
El propio investigador ha explicado que la historia de Yamashita le resulta particularmente importante porque constituye “la voz, en primera persona, de alguien que estuvo ahí”.
El término “hibakusha” se utiliza para referirse a los sobrevivientes de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.
Yamashita nació en Nagasaki en 1939. El 9 de agosto de 1945, cuando tenía seis años, se encontraba con su madre cuando ocurrió la explosión. Una circunstancia aparentemente trivial terminó salvándole la vida: aquel día no salió a jugar con otros niños que acostumbraba acompañar para buscar insectos. Los dos pequeños que fueron al monte murieron días después como consecuencia de la exposición.
“Es muy importante platicar y compartir mi experiencia con todas las personas del mundo”, aseguró Yamashita, a fin de que nadie tenga que padecer lo que sufrió la población de Nagasaki. Su relato insiste en que el sufrimiento de los afectados no terminó con la explosión ni en los días posteriores.
La reconstrucción de Hernández muestra precisamente esa dimensión prolongada de la tragedia. Los sobrevivientes no solamente perdieron familiares, viviendas y bienes materiales, también tuvieron que enfrentarse a enfermedades relacionadas con la radiación y a la discriminación. Durante años existió en parte de la población japonesa la creencia de que los efectos de la radiación podían contagiarse.
Hernández ha documentado incluso casos de mujeres que llegaron al suicidio como consecuencia del rechazo social, por lo que asegura que hablar de lo sucedido implica comprender que el ataque nuclear no produjo únicamente una destrucción instantánea.
“Es vivir el infierno en la Tierra”, ha dicho al describir la experiencia de Yamashita y de quienes sobrevivieron a la bomba.
Yamashita recuerda las imágenes de la destrucción, las personas heridas y los jóvenes que llegaban al hospital donde posteriormente trabajó. Durante un tiempo, como muchos otros sobrevivientes, prefirió guardar silencio.
Hernández explica que Yamashita llegó a México con la intención de alejarse de los recuerdos asociados a la ciudad donde había nacido. Sin embargo, por décadas ha recorrido escuelas y distintos espacios públicos para hablar con jóvenes sobre lo sucedido, con el objetivo es que la experiencia de los sobrevivientes no permanezca encerrada en los libros de historia.
A partir de su testimonio , el autor afirma que los hibakusha “no solamente luchan por la memoria, sino por evitar que esas armas sean usadas”.
La historia de Yamashita adquirió mayor relevancia en 2024, cuando el grupo japonés Nihon Hidankyo, organización integrada por sobrevivientes de las bombas atómicas, recibió el Premio Nobel de la Paz. Yamashita, quien continúa en México, forma parte de esa generación de sobrevivientes que convirtió el testimonio personal en una campaña internacional contra las armas nucleares.
Sergio Hernández Galindo es profesor e investigador de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Su acercamiento con Yamashita forma parte de una investigación más amplia sobre la presencia japonesa en México y las consecuencias que tuvo la guerra para esa comunidad. El vínculo entre ambos permitió que el testimonio personal se transformara en un documento accesible para un público mucho más amplio.
En 2025, al cumplirse 80 años de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, la historia volvió a adquirir relevancia, y Hernández participó en nuevas conferencias junto con Yamashita, en las que destacó la necesidad de que las nuevas generaciones comprendan que la amenaza nuclear no pertenece sólo al pasado.