Por Rubén D. Arvizu

Estados Unidos ya no es solo una democracia en crisis; es un país que amenaza con arrastrar al mundo a su propio caos. Bajo Donald Trump, la obsesión por apoderarse de Groenlandia ha pasado de capricho a amenaza armada: aranceles del 25 % o más a cualquier nación que no apoye la anexión, incluidos aliados históricos como Dinamarca. En entrevistas recientes, Trump lo dijo sin rodeos: los países que se opongan “pagarán el precio”. No es bravata. Ya lo hizo con China y ahora apunta a toda Europa.

La OTAN está al borde de la fractura. Groenlandia no es solo hielo; es clave para la defensa ártica. Una agresión a Dinamarca activaría el Artículo 5 de la OTAN que define cualquier ataque a un miembro de la organización, como una agresión a todos. Trump ya ha amenazado con abandonar la alianza. Los líderes europeos responden con condenas firmes y preparan represalias: boicot a productos estadounidenses y sanciones comerciales. Si Trump impone aranceles a miembros de la OTAN, la alianza se resquebraja, dejando a Estados Unidos aislado frente a Rusia y China, que ya celebran el desorden.

Internamente, el estado policial se afianza. Las redadas masivas de ICE exigen prueba de ciudadanía incluso a ciudadanos estadounidenses, especialmente a pueblos indígenas en sus propias reservaciones, donde nativos son detenidos y obligados a probar su ciudadanía en la tierra de sus ancestros Al mismo tiempo, la presión militar sobre México se intensifica: demandas de operaciones conjuntas con tropas estadounidenses contra laboratorios de fentanilo, incluyendo la posibilidad de ataques unilaterales con drones o fuerzas especiales si México no cede, una violación directa de soberanía que revive traumas de invasiones pasadas de parte de Estados Unidos, por supuesto la guerra de 1846-1848 que le costó a México la pérdida de la mitad de su territorio.

El asesinato de Renée Nicole Good es solo la punta del iceberg: miles de personas detenidas sin cargo, comunidades aterrorizadas, protestas reprimidas con violencia. Si las elecciones de mitad de legislatura de noviembre de 2026 amenazan el control republicano, la ley marcial se perfila como opción real para “proteger” el proceso electoral. Investigaciones como los archivos Epstein lo agobian y un hombre acorralado, teniendo el poder nuclear podría causar un cataclismo mundial.

¿Hasta cuándo llegará el “ya basta”? Podría ser inminente, pero costoso. El 60 % de los votantes rechaza intervenciones como la de Venezuela y las protestas suman millones en las calles. Si se impone la ley marcial, habrá huelgas generales, boicots económicos, enfrentamientos entre estados y federación, militares divididos entre juramento y órdenes. Un baño de sangre no es exageración; es consecuencia lógica si el sistema se rompe del todo.

¿En qué se convertirá Estados Unidos? ¿En un régimen autoritario aislado, con economía golpeada por represalias globales, sociedad fracturada y alianzas rotas? No es el fin del mundo, pero sí el fin de la nación que conocíamos. La única salida real es resistir: escribir, protestar, comunicar, exigir cuentas. Pero debe ser ahora, antes de que la oscuridad nos invada. El “ya basta” llegará. La pregunta es: ¿a costa de cuánta sangre y dolor?