La pandemia de Covid-19 agravó la migración de campesinos del empobrecido estado de Guerrero hacia el centro y norte del país para trabajar de jornaleros, un fenómeno social que antes era de temporada y ahora se ha vuelto casi permanente, dejando prácticamente vacías comunidades rurales de la región.
En sus lugares de destino, los jornaleros —en su mayoría indígenas— pasan cada vez más penurias mientras buscan prosperar en regiones alejadas de su tierra natal.
Su situación no es mejor que en los campos de cosecha de sus pueblos, pero se ven empujados a viajar por falta de recursos económicos en las comunidades de Guerrero y de apoyos federales, según denuncian.
“Nos tratan como animales y no como personas valiosas”, dijo a Efe un jornalero quien prefirió guardar el anonimato por seguridad.
Al aceptar trabajar en alguno de los campos, las familias son sometidas a reglas estrictas que en caso de romperlas pueden costarles el despido.














