Enrique Escobedo
Un principio de la democracia sostiene que gobernar es informar. Léase, es el diseño institucional de un gobierno abierto que se sujeta a la transparencia y a la rendición de cuentas con el propósito de que ciudadanos sepamos acerca de las razones que llevaron a un gobierno a decidirse por la opción A de un proyecto y no por la B o la C. También que nos explique acerca del destino de nuestros impuestos. Desde la Constitución de 1824 los presidentes ya tenían la obligación de informar al pueblo acerca de la marcha y estado de su administración.
Un gobernante está sujeto a rendirnos cuenta a los ciudadanos y nosotros tenemos todo el derecho del mundo a cuestionar y dudar, eso implica que un gobierno moderno empodere a la sociedad al invitarla a debatir en el espacio público o parlamento abierto y así se enriquezcan los proyectos de ley y las acciones de prestación de los servicios públicos. Dicha colaboración es la base de la formulación de la política pública. En otras palabras, un gobierno que informa es un gobierno que explica y no justifica. Es un gobierno que politiza, que se somete a la prueba del ácido y que antepone los intereses nacionales por encima de su partido.
Al estar informados, los ciudadanos enriquecemos nuestros criterios de evaluación respecto al desempeño de un gobierno y, por lo mismo, tenemos la capacidad de rectificar o ratificar al partido gobernante cuando llega el día de las elecciones.
Existen, por el contrario, al menos tres formas gubernamentales de mal informar a la sociedad acerca del ejercicio de la política y la Administración pública. La primera es negarse a informar mediante el soterrado argumento de que toda obra oficial está sujeta a la confidencialidad y de que es un asunto de seguridad nacional. Con ese pretexto, los gobiernos de Morena nos quieren hacer sentir menores de edad e incapaces de comprender la cuenta pública. Consecuentemente, prefieren la sombra acompañada de impunidad y de corrupción. La segunda forma de opacidad gubernamental es la sobre información. Léase, bombardearnos con miles de noticias y cortinas de humo que cada día se yuxtaponen más y más. Se trata de referencias y declaraciones de la presidenta sin contexto y con verdades a medias. De ahí la ironía popular que dice: “si usted está desorientado no se preocupe, usted está bien informado”. Finalmente, la tercera forma de enturbiar la transparencia es mediante la confusión de conceptos y palabras. Por ejemplo, el gobierno sabe que no es lo mismo un proceso electoral que la democracia, pero los fusiona y empaña a fin de confundirnos y construir una torre de Babel. Por ejemplo, nos vende la idea de que somos una nación democrática al elegir jueces, magistrados y ministros del poder judicial.
Son tres formas de opacidad que se complementan y por ende son la llave que le permite a los políticos cerrar las puertas de la Administración pública. Peor aún, son el marco referencial que utiliza la presidenta Sheinbaum en las llamadas “mañaneras del pueblo”. Es decir, se trata de uno de los recursos más retóricos del populismo y del juego enmascarado de la hipocresía política.
Para Morena el lema de no mentir, no robar y no engañar es estratégico, ya que, si acaso alguien descubre la verdad, sus seguidores lo niegan escudándose en su frasecita envuelta en disimulo de puritanismo. Ellos bien saben que “gobernar es desinformar y desorientar”. Saben en ese partido que mientras la sociedad reciba sus dádivas y subsidios no habrá quien pregunte de donde salió ese dinero. El oficialismo ya fragmentó a la sociedad, ya los mexicanos estamos desunidos y pronto veremos el fin de la división de poderes. Los seguidores de la presidenta están convencidos de que somos uno de los países más democráticos del mundo por votar por los miembros del poder judicial, están ciertos de que las encuestas de popularidad de la presidenta son sinónimo de buen gobierno y creen a pie juntillas de que la inflación y la recesión es por culpa de Trump y no por las impericias económicas heredadas del gobierno del mentor de Claudia Sheinbaum.
La máxima gobernar es informar duró poco en México. La transparencia y la rendición de cuentas ya son historia. Nuestro país retrocede democráticamente y mucho me temo que estamos ante las puertas del totalitarismo.













