La explotación sexual de menores aumentó durante la pandemia de COVID-19, que ha tenido un efecto “devastador” en las víctimas de trata, la mayoría de ellas mujeres.

Las restricciones y la crisis económica aumentaron el riesgo de caer en la trata, una forma de esclavitud que se hizo aún más difícil de detectar, según denuncia un informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) publicado en Viena.

Además, las redes criminales han sabido sacar ventaja a la situación al centrar la captación durante los confinamientos en la esfera digital, incluidas las redes sociales, según el estudio “Los efectos del COVID-19 en la trata de personas y las respuestas al desafío”.

La trata consiste en captar y retener a una persona para explotarla. Aunque la esclavitud sexual es el crimen más conocido, otras víctimas caen en trabajos forzados o son obligadas a practicar la mendicidad, entre otros delitos.

Aunque la ONUDD no ofrece cifras globales sobre la magnitud de este delito, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de Naciones Unidas calcula que más de 40 millones de personas en todo el mundo son víctimas de trata.