Por Enrique Escobedo

Los eufemismos son palabras o expresiones que utilizamos con el propósito de ser menos ofensivos, pues sustituyen a otras por ser consideradas de mal gusto. Los eufemismos los empleamos en eso que llamamos Lo políticamente correcto ante posibles ofensas a grupos de individuos o como instrumento de manipulación del lenguaje para enmascarar o tender una trampa.

Es muy común que los políticos hablen con eufemismos y se expresen de manera circular, repetida y aburrida con intenciones de confundir a los oyentes, seducirlos con sus palabras y posteriormente obtener provecho de la situación. De ahí que la política también es el arte del engaño. Los eufemismos, aclaro cuanto antes, no son de uso exclusivo de los políticos. También la mercadotecnia es una amante fiel de emplearlos y enmarañar a las clientelas orientándolas al consumismo extravagante.

De ahí que el tema que me interesa es el referente a los eufemismos que está utilizando el gobierno en materia de la prolongación del mandato y que no le llama reelección, pero que tiene trazas de intentarla. Tal es el caso de lo acontecido en Baja California en donde el Congreso Local a puerta cerrada decidió legalizar la prolongación del mandato de dos a cinco años, engañando al pueblo de esa entidad quien votó por un periodo bianual. Lo mismo sucede con el tema de la Revocación del Mandato que aún no está estipulado que sólo podrá utilizarse una vez y se realizará en paralelo a las elecciones intermedias. También es sorprendente que un Presidente de la República acuda ante un notario y firme un documento en el cual indica que no se va a reelegir. Digo que me sorprende porque protestó cumplir y hacer cumplir la Constitución y por lo mismo no se requiere, por principio, hacer tal evento.

Recuérdese que Porfirio Díaz nunca se reeligió ilegalmente, siempre modificó la Constitución a fin de no caer en la ilegalidad. Lo mismo hizo Dante Delgado en Veracruz cuando después de ser gobernador sustituto, argumentó ante la Corte que debido a que no había sido electo, debido a los eufemismos, tenía el derecho a competir por la gubernatura de su entidad; y lo logró.

No es lo mismo reelección que revocación de mandato, porque la primera exige participación de partidos políticos, organización del proceso y debates abiertos a fin de que la sociedad decida entre diversas opciones y la segunda es una papeleta en la cual la población solo emite un sí o un no por una sola persona. Tampoco es lo mismo democracia que asambleísmo. La primera exige reglas de operación, candidaturas, elaboración de padrones, organización del proceso y participación ciudadana que cuente los votos. En cambio el asambleísmo es que un político convoque a unos cuantos y a mano alzada se decida una disyuntiva.

Cuidémonos de la clase política que disfruta el juego de los eufemismos, porque son palabras bonitas que pueden repercutir en desenlaces autoritarios, atentatorios en contra de las libertades y violatorios a los derechos humanos.

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