Miguel Ángel Casique Olivos

El escritor estadounidense Ray Bradbury, autor de la novela Fahrenheit 451, afirmó que no se deben “quemar los libros para destruir una cultura. Sólo tienen que hacer que la gente deje de leerlos”; otro escritor francés, Michael Houellebecq, advirtió claramente que “vivir sin leer es peligroso, porque obliga a conformarse con la vida”. Aludo a estas frases porque la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), de acuerdo al seguimiento de la cuestión educativa mundial, reveló recientemente que, en México, los estudiantes que concluyen su educación primaria, no han progresado en la habilidad lectora y nos sitúa en la categoría “Sin progreso”.

Esta grave situación es “ignorada” por la mayoría de los mexicanos y peor aún por quienes tienen la responsabilidad de brindar una educación completa y de calidad a la niñez mexicana, es decir, del gobierno en turno que tanto ha planteado la Nueva Escuela Mexicana (NEM), pero que no ha cumplido con las expectativas ni servido para que las nuevas generaciones se preparen bien y aporten científicamente al desarrollo social.

El informe denuncia que el aprendizaje de los menores desciende no obstante que se había prospectado que, para 2030, con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, se priorizarían mecanismos para garantizar una educación equitativa, de calidad y con aprendizaje tecnológico en la agenda global; sin embargo, aunque 164 países, incluido México, aceptaron participar y asumieron mayor compromiso ante la educación del futuro, nuestro país “progresa” lentamente.

La Unesco refleja que el nivel de aprendizaje de los niños mexicanos, de segundo y tercer grados de primaria, está disminuyendo porque, en competencia mínima de lectura, cayó de 67 a 63 por ciento; y quienes terminan la primaria cayó de 43 a 42 por ciento; esto significa que más de la mitad del alumnado que termina la educación primaria carece de habilidades básicas de comprensión lectora para continuar sus estudios.

Los problemas derivados de la deficiente educación no son nuevos, y el informe de la Unesco lo exhibe cuando explica que los niños de entre 11 y 15 años rechazados por la escuela pasaron de seis a ocho por ciento y los adolescentes de entre 15 y 18 años (nivel bachillerato) pasaron de 25 a 26 por ciento; la marginación educativa se incrementó y esto comprueba que el sistema educativo mexicano está incapacitado para garantizar la universalidad educativa de los niños; el desarrollo de otros aprendizajes en los jóvenes tampoco avanza.

En México, el programa PISA-2022 alertó que la mitad de los estudiantes no lograba el nivel básico de compresión lectora; y con la evaluación diagnóstica 2024-2025 se plantea que el 20.6 por ciento de los estudiantes de sexto de primaria requieren apoyo en habilidades lingüísticas; esto refuerza el argumento de que un alto porcentaje de alumnos concluye su primaria sin habilidades para una lectura básica… y menos para su comprensión.

Entonces, ¿está cumpliendo la NEM con sus reformas o sólo es una propuesta gatopardista, donde todo cambia, pero todo sigue igual para los niños y jóvenes que requieren una educación diferente? Recibir enseñanza adecuada, saber leer y comprender es elemental, porque el Español, las Matemáticas, la Historia, la Física, la Biología o la Química deben formar un hombre pensante, analítico y visionario, y deben poseer conocimientos de ciencia para coadyuvar al desarrollo nacional.–