Miguel Ángel Casique Olivos
Con cierta seguridad, el gusto que cada ser humano tiene por la música, no importa la disciplina que ésta sea, se transmitió por medio de una persona ajena a nosotros y también, con cierto grado de certeza, fueron personas que en su mayoría hacen negocio con la música vía las industrias discográficas, (empresas encargadas de producir y distribuir música grabada, así como de promocionar y comercializar las grabaciones), usando como sus principales difusores la televisión, la radio, los periódicos y ahora el amplio uso de las Redes Sociales (RRSS). Así es como nos hemos convertido en consumidores de algún tipo de música, sin saber si es de mala o buena calidad.
Aun así, debemos saber que a partir del año 2011 se han posicionado altamente tres discográficas conocidas como las “Big Three”, las tres de Estados Unidos: Universal Music Group (UMG) que tiene 41 sellos discográficos y opera en 60 países; Sony Music Entertainment (SME) que cuenta con 70 sellos e influye en 40 países y la Warner Music Group (WMG) que opera en 50 países con 34 sellos discográficos. Esos tres monopolios controlan el 70 por ciento del mercado de las discográficas a nivel mundial, así como también el 80 por ciento del mercado estadounidense; esto quiere decir que todo lo que escuchamos está planeado por estas corporaciones.
Los datos arriba mencionados son claros en cuanto al negocio de la música y sobre todo que las “Big Three” deciden qué tipo de canciones escuchamos y con qué fin ponen de moda tal o cual canción. Hoy, con tanto avance tecnológico también se sabe que la música en streaming es la principal fuente de ingresos de esas compañías discográficas, ya que el 75% de los ingresos que obtienen de estos servicios son por derechos de reproducción sobre las canciones. La nueva industria musical digital, basada en el streaming y las redes sociales, llegó para quedarse, pero siempre como un negocio.
Ninguna discográfica lanza su música al público con la intención de formar en el individuo el gusto por una buena música, y mucho menos para refinar la capacidad del individuo para escucharla y paladearla; lo que buscan es obtener un máximo de ganancia en sus ventas y enriquecerse. Por eso la moda musical es mucho ruido, estridencia ensordecedora y con un muy mal contenido en su letra; la música propiciada como negocio corrompe, prostituye y aleja al hombre de sus verdaderos sentimientos humanos debido a que de verdadera y buena música tienen poco o nada.
Dicho esto, se vuelve relevante y de gran trascendencia que un grupo social como el Movimiento Antorchista Nacional se haya propuesto, desde hace 10 o 15 años, la tarea de promover el gusto por la música a través encuentros o concursos nacionales de voces o canto donde el mexicano niño, joven, adulto o de la tercera edad, se presentan en algún auditorio o recinto cultural y le “canten al pueblo” verdaderas melodías que sí llegan al corazón y a la cabeza de quienes las escuchan para formales el buen gusto por esas bellas artes.
La historia dice que la música es tan antigua como la sociedad humana misma, y se sabe que nace como una necesidad, muy íntima, del hombre que al realizar alguna actividad o trabajar, siente necesario encontrar una ayuda para hacer menos dura, fatigosa y cansada esa labor. El hombre comenzó acompañar los movimientos de su cuerpo con cierto ritmo e inició, también, a emitir sonidos con su boca que fueron los elementos básicos de la música cantada.