Miguel Ángel Casique Olivos

Muchos analistas coinciden en que los trabajos políticos que actualmente realizan tanto los precandidatos morenistas (“corcholatas”) como los de la alianza opositora son demasiado adelantados, que violan la ley electoral y que el Instituto Nacional Electoral (INE) debe considerar el asunto y sancionarlos, incluso con el no registro oficial de sus candidaturas. Sin embargo, esto no sucederá, porque ahora el árbitro está más débil debido al continuo golpeteo del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) para someterlo a su control.

Además, ya avanzado el mandato de un Presidente que solo ha destacado por violentar el Estado de Derecho y cometer numerosos atropellos e injusticias contra la población, ¿a quién puede importarle que los precandidatos adelanten sus campañas y violen la legislación electoral? ¿Acaso los políticos de los partidos Revolución Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD) se han preocupado porque el Presidente pisotee cada que se le ocurre la Carta Magna y las leyes reglamentarias?

No, no pasará nada por este tipo de temas; como no ha ocurrido nada por la sucesión de asuntos de mayor importancia. Por ello, después de avalar los lineamientos para seleccionar a su candidato presidencial, la coalición opositora Va por México, formada por PAN, PRI y PRD, el tres de septiembre difundirá a su candidato; y lo mismo hará el seis de septiembre el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), a cuyo abanderado se sumarán los partidos del Trabajo (PT) y Verde Ecologista de México (PVEM).

Sí, como lo evidencian estos últimos días, la alianza opositora finalmente vio la realidad, reconoció que los partidos oficialistas adelantaban tiempos y concluyó que la única posibilidad que tiene para ganar el dos de junio de 2024, radica en mantenerse unida y no quedarse atrás, pues sabe que la elección será de Estado y que, desde hace dos años, AMLO está utilizando todos los recursos económicos y políticos del Gobierno Federal (incluidos la violencia y el terror) para hacer ganar a su partido.

AMLO sabe que su cara no aparecerá en la boleta electoral del 2024, y ésta fue una de las razones por las que aceleró el “destape” de los precandidatos de Morena y el inicio de los trabajos de la campaña electoral del año próximo. Además, como se cree dueño del circo, el huésped del Palacio Nacional no quiere perder el hilo de ninguna de sus corcholatas, con lo cual muestra que teme una posible desbandada cuando se defina el candidato morenista.

Pero hay otra razón por la que AMLO decidió que sus “corcholatas” se placeen en el interior del país: usarlos como una cortina de humo para que los mexicanos se distraigan u olviden los problemas que padecen muchos de sus compatriotas en los estados: pobreza en todas sus modalidades (incluida la extrema), desempleo, inseguridad pública, violencia delictiva, mala atención en los sistemas públicos de salud y educación, y cero inversión en infraestructura básica.

Más allá de lo que veremos durante un año de campañas, los partidos políticos están en crisis, como reflejaron los altos índices de abstencionismo en las elecciones locales de Oaxaca y el Estado de México (Edomex); y porque para la mayoría de los mexicanos, las organizaciones partidistas conforman la misma “clase política” que ni por error representa los intereses de los trabajadores de la ciudad y el campo, de las amas de casa, de los estudiantes y de los mexicanos de las clases medias.