· Jóvenes estudiantes denuncian la falta de transporte, fallas en la señal de internet y los alarmantes brotes de dengue, contradiciendo los discursos oficiales
Judith Sánchez Reyes
El recuerdo de ese Acapulco vivo, activo y bullicioso definitivamente se desvanece al querer hacer cosas tan simples como comprar una botella de agua, unos chicles o una orden de tacos, ya que tras el huracán Otis los comercios han tenido que lidiar con la falta de servicios como energía eléctrica e internet.
“Discúlpenos, debe pagar en efectivo, desde hace unas horas no tenemos señal en la terminal, y no podemos hacerle el cobro con tarjeta”, dijo tanto el encargado de una tienda de conveniencia como el mesero de un pequeño restaurante.
Aunque el pasado 31 de diciembre sobre el cielo de la bahía brilló la frase “Acapulco está de pie” – además de ser la favorita en los discursos oficiales -, el rostro de su gente refleja lo duro de la realidad que viven; esa que quisieron opacar con “foquitos” navideños.
Sobre la Costera Miguel Alemán, a la altura de la glorieta de La Diana Cazadora, observamos a un grupo de jóvenes estudiantes, decidimos preguntarles cómo ha sido su vida a partir de aquella noche del 24 de octubre de 2023.
Graciela fue la primera en responder: “la escuela ya están bien, pero muchos de nosotros nos sentimos mal, porque no hay transporte hasta tarde, a veces debemos caminar hasta la base para poderlo agarrar porque, aquí, ya vienen bien llenos o de plano no pasa”, dijo acomodándose su mochila en el hombro.
Renata Solís, de manera tímida, comentó que esto provoca que hagan entre dos y hasta tres horas en llegar a sus casas, ya que la economía familiar no da para “tomar taxi todos los días”, incluso, aunque lo tomaran de manera colectiva.
Lupita García, quien también porta el uniforme de la Preparatoria 7 de la UAGro, dejó entrever su desesperanza por seguir viendo a su ciudad entre escombros, lo cual, además, está siendo un factor para brotes de dengue.
“Me siento triste por ver a mi ciudad así, sigue habiendo mucha basura todavía y por eso hay mosquitos lo que está haciendo que la gente se enferme de dengue y todo es por eso, es por la suciedad. Eso en otras escuelas ha provocado que no estén teniendo clases, porque hay muchos mosquitos; así que todavía Acapulco no está al 100 por ciento”.
-Pero las autoridades dicen que a Acapulco ya todo había llegado a su normalidad, les comentamos.
“Digamos que la gente, o sea, solamente sube cosas de la parte de aquí, de la Costera y dice que ya Acapulco está de pie y que no sé qué cuando, pero realmente, no, o sea, todavía no estamos al 100 por ciento. En las noticias dijeron que máximo Acapulco se va a tardar en levantar tres años y yo creo que más, pues todavía hay mucha basura por donde pasamos para llegar acá a la escuela, hay árboles tirados, láminas, bardas”, interrumpió Sandra Saori con su tono costeño.
Testimonios
Omar, un joven corpulento, pelo quebrado y el más alto de todo el grupo de estudiantes, con desparpajo expresó que debido a la precaria situación económica por la que está pasado su familia se ha dado a la tarea de buscar empleo, pero al ser menor edad no ha podido conseguirlo, lo que le ha generado estrés.
“Por lo del huracán hay mucho trabajo, pero muchas veces por ser menor de edad me han dicho que no, en las construcciones necesitan gente, muchas manos, más en las que están en playa, pero tampoco se quieren meter en problemas”, apuntó.
Graciela, que por nervios no dejaba de reír, pero tampoco de hablar o secundar lo que decían sus compañeros, apuntó: “aquí todavía hay cosas que no están funcionando, como por ejemplo los hospitales, esos todavía no están al mil y tampoco las galerías (centros comerciales) solo están como tres o cuatro tiendas grandes, máximo”.
Para estos jóvenes que, en su mayoría estaban cursando el tercer año del bachillerato, además de lidiar con la falta de transporte público, señal de internet para hacer las tareas, como el tandeo del servicio de agua, están enfrentándose a una nueva forma de evaluación para concluir con esta etapa escolar.
Sin embargo, refirieron que los maestros están tomando en cuenta, sobre todo, entendiendo la situación emocional que están atravesando y, aunque, están trabajando más de lo habitual, salvarán el último año de preparatoria.
“Pues gracias a los profes, que están entendiendo por lo que estamos pasando, nos están calificando, o sea, de manera diferente, pero nos están apoyando en este último tramo”.
Pese a todas estas vicisitudes, como los chavos que son, dejaron entrever estar en zozobra de saber si para los próximos meses habría las condiciones de poder celebrar su cena de graduación.
Estos adolescentes acapulqueños tenían la necesidad de hablar, de contar su versión de la cotidianeidad del Puerto que los vio nacer, de expresar eso que solo, quizás, lo hacen cuando están con sus amigos de la escuela o de su colonia; a ellos poco se les pregunta, pero hoy aquí están sus testimonios.
Por eso sin pudor uno de ellos nos dijo que tenía sed, que había caminado mucho, por lo que le obsequiamos una botella de agua; en otra circunstancia seguramente no lo hubiera hecho.
-No importa que sepas nuestros secretos, le dijimos.
“No, no importa”, reímos todos.
Sin embargo, en nuestra visita al Puerto hubo quienes sin hablar “gritaron” lo que sienten, este fue el caso de un joven mesero que nos tomó malhumorado la orden; el de un policía de seguridad que de manera temerosa se reservó su testimonio y del encargado del hotel que, como carcelero, pidió a los huéspedes salir de la alberca; quizás fue coincidencia que tuvieron un mal día, lo cierto es que esa es una forma de demostrar su frustración y miedo.
En las calles sigue habiendo basura y escombros, sigue habiendo locales en ruinas, a pesar de estar a unos pasos de la playa y, para comprobarlo no se necesita caminar mucho ni adentrarse en las colonias populares. En algunos de los hoteles de renombre aunque ya abrieron sus puertas aún se observan en sus estructuras el paso violento de Otis.
Por supuesto, que los acapulqueños y sus visitantes queremos a un Acapulco de pie, la gente está echada pa´delante, algo muy característico en los mexicanos, pero de deseos no vive la gente, se requieren más acciones y menos discursos.















