Moisés Sánchez Limón

Anoche pulsó el tono en el que bordaría su mañanera; anoche sonrió perversamente, sin duda, cuando decidió no variar el mensaje.

¿Para qué?, se habrá preguntado.

Lo dicho, dicho.

Además, Adán Augusto dio el adelanto y descalificó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así, en general, sin poner a salvo a las ministras de casa, es decir, Loretta Ortiz Ahlf y Yasmín Esquivel Mossa.

Y sí, el notario en funciones de secretario de Gobernación incluso dio por sentado que la batalla por el Plan B completito la perdió el licenciado presidente y de nada sirvieron amenazas, gritos y sombrerazos ni el grupúsculo a sueldo que mienta madres en el frontispicio del edificio neoclásico de la Corte.

¿Pero y cómo? ¿En serio arrió bandera don Andrés Manuel? ¿Así de fácil? ¿Flojito y cooperando?

Cuestión de leer el tuit que, por ahí de las 3 de la tarde con 12 minutos, una vez conocida la noticia de que, por 11 votos contra 2 el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró la invalidez del primer decreto de las reformas político electorales aprobadas por el Congreso de la Unión en diciembre de 2022, es decir el Plan B parte 1.

Lunes 8 de mayo. El notario López Hernández escribió:

“@adan_augusto

“El pueblo mexicano busca recuperar la confianza en sus instituciones, pero la @SCJN decidió seguir protegiendo intereses particulares. Nueve ministros pasaron por encima de la voluntad democrática expresada por los representantes populares. No hay de otra: Plan C en las urnas”.

¿El pueblo? ¿Cuál pueblo? ¿Quién es el pueblo? ¿El bueno? ¿El de los pobres que no deben salir de pobres porque luego se les olvida quiénes los ayudaron?

De plano a las urnas, pos ya qué. La segunda parte del Plan B, cuatro reformas, está igual: elaborada con las pezuñas. Ya Ricardo Monreal, en su momento, previó que sería declarada inconstitucional.

¡Recórcholis, Drakko!

Adán Augusto dice pueblo y punto.

Frasea igualito que su jefe, paisano, amigo y confidente, como preparando el terreno, aunque sea gerundio, aunque niegue que las gorras repartidas de a grapa con las que se promueve como “el bueno” para la grande, no ordenó entregarlas a mexicanos que creen en él.

Y descalifica a la Corte, así, en general, insisto, sin dar crédito patriota a las ministras Ortiz y Esquivel que se batieron en la sesión del pleno y leyeron argumentos similares a los contenidos en la carta de la Consejería Jurídica de Presidencia de la República con la que el brazo legal de Su Alteza Serenísima pretendió descalificar a la declaratoria de invalidez de la primera parte del Plan B  de reforma electoral.

Será que por eso, en previsión de lo que se anunciaba y para poner a salvo el sustento de la reforma a la Ley General de Comunicación Social, la senadora Mónica Fernández Balboa, presidenta de la Comisión de Gobernación, promovió modificarla y el dictamen correspondiente lo aprobó por unanimidad el pleno senatorial, el 25 de abril último-

¡Vaya coincidencias!  

Con la enmienda derogó la disposición de homologar el límite de gastos de las entidades federativas a 0.1 por ciento del Presupuesto de Egresos anual aprobado en la Cámara de Diputados y los Congresos locales.

Implicaba matar por inanición publicitaria  a los medios de comunicación en todo el país. ¿Y quién y cómo iba a promover los programas oficiales? Un despropósito avalado inercialmente por la mayoría oficialistas en el Congreso de la Unión y que entró en vigor el 28 de diciembre de 2022.

¿Y qué de la Ley General de Responsabilidades Administrativas que la Corte declaró inconstitucional?

Pues fíjese usted que así como sin querer queriendo, los diputados oficialistas comandados por Ignacio Mier y seguidos por sus compadres del PT y el Verde Ecologista aprobaron que gobernadores y funcionarios públicos, por supuesto también el Presidente de la República pudiesen hacer campaña, es decir, hablar libremente a favor de sus candidatos, en una mal entendida libertad de expresión, cuando la propia Constitución establece lo prohíbe.

¡Ah!, pero es que, como se les echó a perder la jugada de la reforma constitucional en materia político-electoral no prosperó, el licenciado presidente instruyó irse por la puerta trasera y reformar leyes secundarias, porque éstas no requieren de la mayoría calificada.

Y que se sirven con la cuchara grande, valiéndoles queso que incurrían en un procedimiento fácilmente combatible en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Y ya ve usted lo que pasó este mediodía del segundo lunes de mayo de 2023.

¿Hay que alegrarse?

Las ministras Norma Lucía Piña Hernández y Ana Margarita Ríos Farjat y los ministros Jorge Mario Pardo Rebolledo, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea (¡aunque usted no lo crea!), Alberto Pérez Dayán, Juan Luis González Alcántara Carrancá, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Javier Laynez Potisek y Luis María Aguilar Morales declararon la invalidez del primer paquete del Plan B.

Usted diga si hay que alegrarse.

Bueno, pregúntele al licenciado López Obrador que este martes aparecerá en la mañanera con lo que sigue de encabronado, pese a que repetirá aquella frase de “no la compartimos pero la acatamos”.

¿Y luego?

Dicen de él que no es misógino, pero…

Ya las llamó ladronas, corruptas, las insultó y descalificó, dio pauta a una perversa y sucia campaña de desprestigio, instalándolas en el paredón para que las hordas fundamentalistas e irracionales las apedreen.

Y son mujeres responsables de la legalidad y la transparencia en el ejercicio del poder público.

Ellas son garantes de que el ciudadano se sepa protegido y acompañado en la ruta contra la corrupción y que los funcionarios no escondan bajo la alfombra los excesos que el poder les llama a cometer en ese baúl abierto llamado impunidad.

Ellas, en ejercicio del cargo para el que fueron elegidas por legisladores de ambas cámaras para frenar a los dueños del poder en la comisión de los pecados capitales definidos por Santo Tomás de Aquino, la soberbia que engaña a los pobres; la pereza que se practica entre los que tienen 90 por ciento de lealtad y 10 por ciento de conocimientos; la gula de poder, no tienen llenadera, la avaricia porque no sueltan lo robado en aras de barrer las escaleras de arriba hacia abajo y dizque entregar al pueblo lo transado.

La lujuria que los convierte en amantes de lo ajeno y suman la ira contra los de antes, los neoliberales y machuchones, los aspiracionistas que llegaron a cargo públicos y de los que tiene envidia porque la mona aunque se vista de seda mona se queda.

¿A poco no?

Son los nuevos ricos de la 4T como han evidenciado estos traviesos hijos del licenciado presidente que, él dice, no son corruptos aunque las pruebas en su contra hayan salido del propio gobierno, de la Secretaría de Bienestar…

¡Ah!, pero se ensañará con la ministra presidenta Norma Lucía Piña Hernández y la acusará de servir a los conservadores.

Y hará lo mismo con Blanca Lilia Ibarra Cadena, comisionada presidenta del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales.

Dirá que el INAI no sirve para nada y, en consonancia con su cuaderno de doble raya, Adán Augusto insistirá en desaparecerlo. ¿Algo qué agregar? Como Cornelio Reyna: se cayó de la nube en que andaba.

Pero… Mañana será mañana. Digo

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