René Cervera G.

La asignatura pendiente de nuestro gobierno es la violencia. Este problema es generador de otros problemas; tomemos en cuenta que no se puede crecer económicamente en un ambiente de inseguridad general.

Los índices sobre este tema afirman que América Latina es la región más delincuencial del planeta.  

¿Y qué tiene de particular esta región para rondar en tan lastimosa lista? Es la zona más desigual en la distribución del ingreso en el orbe, según los datos que manifiestan diversas organizaciones estudiosas de este fenómeno social. Los países con mayor número de crímenes violentos son Venezuela, Honduras, El Salvador, Costa de Marfil, Brasil, Colombia, Guatemala, Zambia, Sudáfrica, Islas Vírgenes y, por este lado, en un orden que va cambiando ligeramente, se encuentra México.

No es el propósito de este texto ser material académico, por lo que la lista que la antecede no es rigurosa. Hace un par de años el primer lugar era Honduras, ahora se menciona a Venezuela, pero desafortunadamente no salimos de este tenebroso cuadro.

Si hacemos una comparación extrema, los índices de mayor seguridad los tienen Noruega, Luxemburgo, Austria, Suiza, Islandia, Canadá, República Checa, Nueva Zelanda, Dinamarca, Irlanda, Australia, Japón, e insisto en que tampoco están en ese orden porque transmutan, pero sin salirse de la órbita de países más seguros. 

¿Qué tienen de particular estos países? Son países desarrollados, con diversas dimensiones, unos europeos, otros no, como Australia, Nueva Zelanda, Canadá, y unos no tan blancos como Japón.

Lo que tienen en común son políticas públicas que reducen la desigualdad económica. Se puede pensar que tienen otra cultura en general, pero la cultura no nace espontáneamente, se construye. Australia fue una cárcel y muchos de los que la habitaron eran irlandeses y ambos países están en la lista de países más seguros.

No es un asunto de riqueza. El país más rico del mundo, Estados Unidos de América, está en la media de los países más violentos y con el mayor número de habitantes en la cárcel dentro de este territorio.

La violencia criminal no puede resolverse con un juego de policías y ladrones como lo exige un sector de la población. Tiene que ir acompañada de políticas económicas y sociales.  

No son los países más pobres como podría imaginarse en donde impera la delincuencia, parece ser que entre pobres no tiene sentido robarse y entre los países ricos se recurre de mayor manera al fraude, a los llamados delitos de cuello blanco, y así por el estilo buscan delitos que les resultan más rentables y menos violentos.

Una mirada por encima al mapa delincuencial nos dirá que la droga tiene un papel importante en el índice criminal. Si profundizamos el tema, notaremos que la ambición desmedida es el motor de muchos delitos. Seguramente las causas son multifactoriales, pero el resentimiento social es un factor que está presente y marcha a lado de la delincuencia.

Las estadísticas en cuanto a los feminicidios son variables. La más común es de nueve diarios, que a simple vista no parece mucho, pero una que lo fuera es demasiado. Lo que resulta misterioso es la afirmación de que el motivo es sólo porque son mujeres. De ser cierto esto, la enfermedad es mucho muy grave.

Se ha generado un ambiente que nos pone a unos contra las otras, en un espacio que conlleva resentimientos ancestrales.

En la manifestación, que terminó en el incendio de una terminal de policía, el monumento a la independencia pintarrajeado, con lemas que invitan a matar a los hombres y otras cosas, una de las manifestantes escribió: “¿Tenemos que ser sumisas ante el patriarcado?”.

Mi respuesta fue que no se tiene que ser sumiso al patriarcado, ni al matriarcado, ni a la autoridad, ni la autoridad ser sumiso a quienes les faltan el respeto, ni los transeúntes a los que protestan.

Hace aproximadamente 20 años, se hizo pública la demanda de tres mujeres que acusaron a un cuartel de granaderos de haberlas tenido secuestradas. La demanda afirma que estaban pidiendo aventón cuando se los ofreció un autobús de granaderos y las llevaron al cuartel en donde las violaron y secuestraron.

Las esposas de los granaderos fueron a pedir ayuda a la entonces Asamblea Legislativa del Distrito Federal y se inició una investigación. Lo primero que salió a relucir es que no había ninguna denuncia por la desaparición de las chicas. Al profundizar en los hechos, resultó que efectivamente pidieron aventón, se pusieron de acuerdo para hacer una fiestecita en el cuartel y no se fugaron como ellas dijeron, sino que las corrieron porque en el cuartel encontraron un espacio cómodo para ganar dinero comer y dormir.

La tendencia más común por superficial es aumentar la punibilidad de los delitos como medida para contenerlos, sin realizar un diagnóstico preciso que nos diga el origen, las causas, vigilar los síntomas. Sin hacer una radiografía que nos explique las razones de la deshumanización contemporánea.

Desde luego que la mejor manera para inhibir la violencia es que no haya impunidad.

Métodos científicos de investigación, policía capacitada y la colaboración de la sociedad, son inhibidores naturales, y la educación es protagonista en el combate a la delincuencia. 

Los países más eficientes en detener delincuentes son aquellos en donde existe no sólo sociedad civil, sino también valor civil y conciencia para no consumir productos que sean resultado de la delincuencia.

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