Entre espejos y ventanas / Entre la rosa y el puño

0
83

René Cervera G.

Cuando en casi todas les entidades nacionales de repente se jerarquizan de igual manera los problemas, se tiene el mismo diagnóstico y se dan las mismas soluciones, surge lo que Juan Ruiz de Alarcón llamaría la verdad sospechosa.

Desde los años 80, justo cuando se empieza a derrumbar el comunismo, surgió la tendencia a disminuir el poder del Estado y brotaron infinidad de Organizaciones No Gubernamentales y de fundaciones para promover los derechos humanos, las políticas de género, la protección a la infancia, las acciones anti racistas, la protección e impulso de los migrantes.

Si aplicamos aquella sentencia bíblica que dice “Por sus frutos los conoceréis”, no sé si ahora hay menos inocentes en la cárcel, lo que sí sé es que hay más delincuentes en la calle. Lo que ahora existe son más feminicidios, más niños trabajadores, conflictos con la población original y muros para contener la migración acompañados de asesinatos masivos.

Es aquí en donde cabe mencionar lo que tanto decían los abuelos: “No hagas cosas buenas que parezcan malas”, aunque aquí es al revés: “No hay que hacer cosas malas que parezcan buenas”.

En la intención de disminuir al Estado a su mínima expresión, la filantropía se impuso a la solidaridad. ¿Y cuál es la diferencia?… La filantropía se da en donde hay un sector diminuto con sobrantes materiales y un amplio sector con necesidades insatisfechas, de esta manera los que tienen más adquieren el poder de seleccionar a quienes ayudan y de esta manera rebasan al gobierno sin necesidad de ser electos.

La solidaridad es un ejercicio entre iguales es un círculo virtuoso en el que los niños son apoyados por los jóvenes, en el entendimiento de que ellos harán lo mismo cuando sean jóvenes, y los jóvenes pasen a ser adultos mayores.

La solidaridad significa que con tus impuestos pagas la operación de un enfermo en la inteligencia de que él hará lo mismo por ti, si se diera el caso. Los impuestos tienen la idea de que entre todos pagamos el mismo taxi porque así sale más barato y nos aseguramos de llevar el mismo rumbo.

Cabe decir que los impuestos no son altos ni bajos por si solos; como tantas cosas, eso depende de la relación que hay entre lo que das por lo que recibes, y los impuestos tienen una misión compensatoria.

Un ejemplo de esta diferencia entre filantropía y solidaridad es el futbol profesional. En los medios de comunicación, vemos y escuchamos que si cae un gol, eso implica la operación de un niño pobre, o la despensa para una familia de bajos recursos, o computadoras para una escuela pública. Si el arquero ataja un balón dirigido a las redes, o el delantero vuela el balón, si se atraviesa el travesaño o el árbitro anula un gol, habrá quienes se queden sin operación, sin despensa y sin computadoras. Cuando lo correcto es que nadie se quede sin atención a la salud, que nadie padezca hambre y el acceso a la tecnología sea universal.

Si los poderes de facto rebasan a los poderes electos la democracia pierde su sentido.

Con la ola del Neoliberalismo se impulsó la desconfianza a los gobernantes. Los partidos políticos pasaron a ser los villanos de la historia y se detuvo el pensamiento filosófico, los temas ideológicos se consideraron anacrónicos y se dieron las condiciones para que los grandes capitales se impusieran.

El romántico mundo de la globalidad, en donde se borran las fronteras lo mismo para las mercancías que para la humanidad, ha degenerado en un espacio en donde avanza el nacionalismo, la xenofobia, el racismo y sobre todo la desigualdad social.

Culturas que por prudencia decidieron tener no más de dos hijos, están rodeadas de culturas que tienen los hijos que Dios quiera. Naciones que evolucionaron hasta tener gobiernos laicos, ahora comparten su espacio con culturas que afirman que su única constitución está en algún libro religioso y por consecuencia son malos anfitriones porque temen desaparecer étnica y culturalmente.

Acompañando las agresiones étnicas, xenofóbicas, de género, y a la infancia, a los pobres, hay un sentimiento de temor, de inseguridad que raya en fobia a los sectores vulnerables.

Detrás de las ONGS y de ciertas fundaciones, hay un poderoso caballero que se llama Don Dinero, cuya función es inhibir el Estado para garantizar que sus capitales no tengan regulaciones, que da lugar a gobiernos atados de manos, por su propia normativa y por convenios internacionales, y si son de izquierda les promueven golpes de estado suaves que se disfrazan de acciones jurídicas con mano dura y, sin embargo, son complacientes con gobiernos a la derecha.

Los propósitos pueden ser variados, pero en la mayoría existe un denominador común, comulgan con el capitalismo como sistema y el liberalismo como brazo ideológico. Esto conlleva un rechazo constante a las acciones de gobierno y tienen como objetivo desprestigiar la política y así crean un ambiente que favorece un capital desregulado.

El sueño de la sociedad abierta causó mucha simpatía por amplios sectores de la sociedad.

Es romántico pensar en un mundo sin fronteras, pero las fronteras psicológicas y materiales son más firmes que los muros, si entre paisanos y entre naciones hay enormes diferencias de ingresos, de conocimientos, de salud y de recursos naturales, la discriminación se facilita.

Si la especulación que, por cierto, es el origen de las grandes fortunas que financian estas ONGS y fundaciones, es más acumulativa materialmente que la producción de bienes, la filantropía es a mediano plazo un gran negocio.

Los órganos de gobierno, los partidos políticos, la filosofía social y las ideologías se convirtieron en los antagonistas de la llamada sociedad civil, considerando esta como la sociedad organizada que vigila críticamente al gobierno.

Es verdad que los órganos de gobierno son costosos y más si no impulsa el cambio, es muy cierto que los partidos políticos son indefendibles porque sin ideología carecen de sentido, si la filosofía se queda en búsqueda de una verdad que no aspira a generar una nueva realidad entonces es inocua, y si las ideologías pertenecen al pasado nosotros mismos nos condenamos a la desesperanza. Después de todo la sociedad civil o no es tan parte del Estado como el gobierno, comparten territorio, leyes y un futuro común. 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here