Ivette Estrada

Todas las decisiones que tomamos tienen un alto componente emocional, por racionales que aparentemente sean.

Así, puede acudirse al supermercado con una estricta lista de compras y finalmente adquiriremos más de lo anotado por impulso y en el ticket aparecen un chocolatín, pilas, una revista y un largo etcétera. Esto ejemplifica el factor emocional en una decisión cotidiana.

Ahora, ¿qué pasa cuándo debemos asumir decisiones trascendentales en nuestra vida, como elegir el colegio dónde nos graduaremos, qué profesión abrazaremos, con quién compartiremos nuestra vida y quién regirá el destino de nuestra nación?

En una escala emocional la serenidad, felicidad y amor aparecen en la cúspide mientras indiferencia y odio están hasta abajo junto con muerte. De acuerdo a las emociones predominantes al momento de asumir una decisión, son las consecuencias que traerán nuestros actos.

Los llamados votos de castigo en las elecciones, por ejemplo, denotan que prevalece el encono y no es raro que nos desencantemos con los resultados gubernamentales. No votamos por el mejor, sino por aquel que podría vencer a quien no queremos.

En el lenguaje político entonces, privan dos elementos esenciales para ganar votantes: la reiteración de mensajes, para aparentar consistencia, y la ambigüedad de promesas, para desencadenar las emociones.

Equilibrar razón y emoción es crucial para generar resultados felices, para lograr metas armoniosas certeras y productivas. Pero más allá de ello, conviene analizar qué sentimos cuándo nos inclinamos a un lado u otro de la balanza. Qué subyace en nosotros, por ejemplo, cuándo decidimos en qué especialidad matricularnos o cuál es el tipo de persona que deseamos como amigos.

Si tenemos claro la emoción predominante en nuestras decisiones podremos confiar en el futuro. Si al elegir optamos por la serenidad sobre el predominio de nuestro ego, rencor, venganza o indiferencia podemos asegurar que construimos un futuro y una realidad más armoniosa y plena.

Así, no es lo mismo que decidas un noviazgo basado en que “le dará coraje a mengana o perengano” que si eleiges a una persona con la que te sientes auténtico y pleno. La emoción predominante al seleccionar determina los resultados de bienestar…o franca incomodidad.

¿Qué deseas en tu vida? Tragos amargos y malas pasadas, total desencanto o franca realización y felicidad ? Este es un llamado a que antes de que selecciones algo, aunque sea un simple color de la ropa que vestirás, te detengas un momento a detectar la emoción que subyace en este acto. Por vulgar que aparezca la propuesta es la base de vivir con consciencia en el aquí y ahora.

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